Artículo publicado en el periódico Ideal, Junio de 2026
Un pensador español en una reciente entrevista, consideraba que
Dios es el objeto cultural más grandioso y con mayor potencia que ha
creado la inteligencia humana.
En un texto rico en sugerencias, percibimos una ausencia importante:
al fin y al cabo, en cualquier traje encontramos una mota de polvo y
alguna abolladura en la chapa de cualquier automóvil.
En este caso, esa noción de Dios como objeto cultural, se acerca al
positivismo científico que reduce la religión a un tema a examinar o
describir en la historia o en la fenomenología de las religiones.
Sin negar que esto es de hecho, así, convendría para aproximarnos a
ese “objeto”, ahondar más en el asunto.
Los conceptos son también objetos y los hechos deben ser “casos”
de leyes generales que enlazamos en nuestra mente. De tal modo, que
objetos, hechos y leyes son los habitantes de la inteligencia, ella también,
es un hecho.
En esta línea Dawking argumenta que siendo la inteligencia obra
conseguida por la evolución durante millones de años, sería ingenuo,
concluir que hay una inteligencia previa que creó el mundo. Una
inteligencia divina inverificable.
Siendo ambas tesis sobre Dios, distintas, coinciden en que Dios es un
producto de la mente de los filósofos y teólogos.
Aquí vale recordar lo que ocurre cuando se juzga a cualquier grupo
de personas que viven una creencia o una fe, si se critica desde fuera de
su círculo, su tipo de vida, ellos suelen decirse entre sí: “no nos
entienden”.
Es verdad no nos entienden porque no viven la vida que nosotros
vivimos.
Dios no es un guijarro que encuentras en el río o la momia de un
faraón sino un ser vivo, una persona, cuya mente estableció las leyes de
la relatividad o de la termodinámica, antes de que existiese Carnot o
Einstein.
La teología del objeto divino no es ciertamente la más lograda de
nuestra época.
Tanto idealistas como materialistas pensaron que era una idea del
todo o una proyección de nuestros deseos. En ambos casos un objeto
que nos mueve al análisis científico o filosófico.
No se puede entender lo que no se vive, lo que explica que en un
discurso de León XIV, cada oyente solo entiende lo que para él ya era
evidente de antemano.
No basta la evidencia, es necesario vivirla con todas sus
consecuencias.
Muchos científicos, expertos en sus objetos, no acaban de admitir
que ellos mismos, son la clave para entender sus objetos.
En la sencillez de los sencillos, castillos sin fosos ni almenas, brota la
llama de amor vivo, la fuente que mana que desde el fondo de su alma
vivifica al mundo.
¿Emocionante, sólo?
Antes de que germinaran las semillas en la tierra, Dios establecía la
velocidad de implosión de millones de agujeros negros en el Universo.
Antes que Penrose o Hawking existiesen, existían los agujeros negros
que ellos descubrieron.