lunes, 17 de agosto de 2026
Qué somos y dónde estamos
Una democracia sin jueces
Artículo publicado en el periódico Ideal, agosto 2026
Desde el punto de vista de la eficiencia política, el poder encuentra
en los jueces un supervisor que controla al Ejecutivo con la Ley y la Ley
con la Constitución.
Si por eficacia entendemos la rápida ejecución de los Proyectos
gubernativos sin límite en las Leyes y/o en la Judicatura, el problema
entonces es de definición: saber qué es una democracia.
En la Historia política de la Humanidad ha habido de todo, pero una
democracia que no tenga que rendir cuentas y con la intención de
permanecer así indefinidamente, siempre se ha denominado con el
nombre de dictadura y en Grecia de tiranía.
Hay formas de democracia directa que todos conocemos: la
comunidad de vecinos y el régimen asambleario en el que ya no se trata
de propietarios sino de ciudadanos sin oficio ni beneficio y que debiera
funcionar como la seda.
Cuando no hay oficio ni beneficio emerge la serpiente del liderazgo,
de acaparar la atención, de ser el más listo o el más hábil o el que tiene la
capacidad de tener millones de visitantes en su web.
El régimen asambleario tiene vida en la calle donde no se juega nada,
pero en cuanto se constituye en partido, deriva a la dictadura o a ser
títeres del poder.
Esto de la política no es para el común de los mortales sino para unas
minorías con muchas virtudes y muchas habilidades.
Por eso se ha inventado la representación, en donde los mandatarios
no son los que mandan sino unos mandados que tienen como oficio
comandar conviviendo con los demás representantes.
El enigma de la representación permite entender tantos garbanzos
cociéndose en el mismo puchero y lejos de los representados que sólo
huelen el cocido en pequeñas dosis por los medios y las redes.
La representación es un intermediario entre los votantes y el poder
que resulte al final del proceso electoral. Tienen la obligación de llevar la
voluntad del que le ha votado al Parlamento.
Esa voluntad, lógicamente, no es la voluntad concreta de cada
individuo sino la genérica que representa el programa del partido al que el
representante pertenece.
En nuestro sistema, manifiestamente mejorable, el ideario del partido
lo interpreta el jefe de partido y todos los representantes votan
ciegamente lo que su jefe les ordena.
Entre la conciencia del líder y las conciencias de los millones de
electores sólo puede haber, de facto, una comunicación. Se le deja al jefe
la total libertad y se reserva cada cuatro años, el poder de sustituirlo.
La coordinación entre el Legislativo y el Ejecutivo, las listas de
candidatos las aprueba el Partido cuyo jefe será el del Gobierno o el de la
Oposición, en su caso. Por tanto, el Legislativo depende del Ejecutivo y
de las combinaciones más o menos aberrantes que éste haga con las
minorías y que no recaba la aprobación de los representados.
Sin embargo, la Judicatura es un Cuerpo de profesionales de lenta
formación y que escapa de la elección, a veces, en favor del mérito y del
escalafón.
En este sentido, el Poder Judicial, constantemente amenazado de
politización, es el único órgano del Estado que se rige por las Leyes que
él no ha elaborado y que guarda distancia con los intereses del mercado,
en el que, ni profesional, ni jurisdiccionalmente puede entrar.
Los Tribunales, están fuera de la lucha de partidos y pueden
mantenerse más libres de los intereses particulares.
No son elegidos democráticamente, precisamente, para que los que sí
son elegidos por el pueblo, no acaben representándose a sí mismos.
¿Un Papa comunista?
Artículo publicado en el periódico Ideal, agosto de 2026
La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) ha dado pasos de gigante,
especialmente a partir de S. Juan XXIII que recibió el calificativo
inmerecido de “comunista” por parte de la Derecha y los grandes
detentadores del Capital. Le sigue San Pablo VI, Benedicto XVI y
Francisco que sufrió los mayores epítetos, dado su característico
temperamento.
La DSI, sin embargo, es clara y nítida.
Y ha sido el Papa León XIV quien a propósito de la IA la ha vuelto a
exponer, actualizándola dado el estado actual de la economía y la
tecnología, unidas indisolublemente al capital, como lo viene haciendo
desde el siglo XVIII.
La diferencia esencial y a la vez simple, entre el concepto marxista de
la economía y la DSI, es el concepto de “trabajador”.
Para Marx, el capitalismo liberal absorbe la plusvalía que en buena
parte produce el trabajador y en vez de llegar a un reparto de beneficios,
considera el salario un coste que debe disminuir en favor del beneficio
empresarial. Este planteamiento no tiene nada de revolucionario, sino que
se limita a describir los hechos.
El capitalismo hace del trabajador una pieza de la máquina de generar
riqueza y por exigencias del sistema tiende a generar paro por imperativo
de la ley del máximo beneficio.
La lucha de clases, supone la subsunción de los trabajadores en su
clase y la persona se subsume en la masa sufriente de la humanidad
explotada. Este “hombre masa” no es una persona individual sino aquella
parte de la humanidad que debe sacrificarse por sus hermanos según una
mística revolucionaria. La “masa” es un concepto de la física newtoniana
ligada a la fuerza y a la energía: En la lucha callejera vemos como la
revolución es la suma de “masa” e ideología.
Los papas reconocen desde León XIII, los hechos manifiestos de la
explotación y contemplan en el paro, la creación de un “ejército de
reserva”, que hoy en día, pueden ser los jóvenes, dispuestos a aceptar
cualquier trabajo a cualquier precio.
La visión cristiana de la empresa se centra en lo que se entiende por
fin último de la economía. El “desarrollo integro de todo hombre y de
todos los hombres”.
Mientras el comunismo ve en la lucha de clases un conflicto cósmico
entre el Bien y el Mal que le lleva al exterminio del capitalista en una
guerra sin piedad, la DSI concibe la empresa como una estructura
formada por personas, que son, cada una de ellas, algo sagrado.
Al constituir una empresa el fin no puede ser crear riqueza sino
conseguir el desarrollo integral de todos los miembros de la empresa.
En el planning de las empresas, el objetivo debe ser crear puestos de
trabajo que permitan una vida digna de los trabajadores y sus familias.
Eso hace que el beneficio no sea el fin de la empresa sino el medio.
Es una doctrina que se propone, no se impone y que descarta el
conflicto y la acción violenta.
Si el capitalismo acumula riqueza -hoy más que nunca- para beneficio de
unos pocos, la concepción cristiana pone en el centro la persona, su
progreso y su desarrollo.
La empresa debe nacer con una hipoteca social, con un coeficiente de
gratuidad y un cambio de mentalidad en donde el beneficio es el medio y
la persona es el fin.
martes, 7 de julio de 2026
Deber no es un deber
Artículo publicado en el periódico Ideal , julio de 2026
Uno de los signos de identidad de los partidos socialistas es endeudarse en primer lugar, para sostener el estado de bienestar: sanidad, educación, seguridad social.
Hay dos maneras de cubrir el ingente gasto que supone una economía sostenible: la que ordinariamente practica la izquierda que consiste en endeudarse sin límite o bien, la que emplea la derecha fomentando las inversiones privadas o públicas, nacionales o extranjeras e incrementando la productividad.
Este esquema no es rígido.
La Deuda Pública y privada se practica, sea el gobierno conservador o progresista. Hay una diferencia de grado.
Cuando el gobierno se endeuda hasta las cejas y carga, además, de impuestos a los contribuyentes, la sensación que entusiasman a los políticos es que manejan grandes cantidades de dinero y que todo va bien. La liquidez permite tocar los medios de pago que resuelven todos los problemas.
Se sostienen las nóminas de funcionarios y pensionistas y los políticos, aun dentro de la legalidad, manejan una “pasta floja” en subvenciones, dietas y gastos varios.
A ello se suma la conciencia tranquila de que están favoreciendo a las clases más desfavorecidas y vulnerables, mantienen la paz social y conducen a índices de bienestar y progreso crecientes. No se olvide que siempre hay presupuesto añadido para la información, los medios de comunicación, las redes, los asesores, etc.
Si Trump nos insiste en elevar al 5% nuestro presupuesto de Defensa, crujen las entretelas del sistema e intentamos resistirnos.
Como el potencial económico de España es notable, entre deuda e impuestos, siempre habrá quien financie el statu quo económico.
La Deuda Pública en nuestro país alcanzó el billón de euros.
Los conservadores, la patronal, los autónomos y los jóvenes ven cada día que,sumando los impuestos y el precio de la vivienda, tratan de pagar los colegios, el vestido,las vacaciones con créditos personales.
La política que requieren los conservadores, exige la bajada de impuestos y la disminución del gasto público, manteniendo a la vez, el estado del bienestar.
Con menos impuestos y menos deuda, los autónomos empiezan a respirar y los jóvenes pueden aspirar a independizarse.
Se marca una línea azul: jóvenes, autónomos,pequeños empresarios y campesinos se convierten en conservadores sin que las ideologías de mayo del 68, les atraigan lo más mínimo.
Así resulta que hoy en Europa, ser revolucionario exija ser reaccionario. Todo, una guasa.
Los ocho años del “sanchismo” se definen como ausencia de gobierno, juegos de manos, complicidad, nivel cutre de educación y falta de profesionalidad, descenso de inversiones.
¿Dónde va pues el dinero de los fondos europeos?
Un dato significativo es el anuncio de una inversión de mil millones para el arreglo de las carreteras. Es una cifra ridícula, sabiendo cómo están las comunicaciones.
Esa mezquindad se explica porque el gobiernono tiene dinero real.
A la vez, tiene una necesidad primaria de mantener la función pública, las pensiones y la sanidad. No tiene dinero para nada más, salvo para los intereses de la Deuda.
El dilema es claro: Dedicamos los ingresos en gasto improductivo o en gasto productivo.
Es obvio que, en los ocho años trascurridos, la mayor parte del gasto público ha sido improductivo.
Las empresas sufren la falta de potencial eléctrico, las inversiones decrecen y la sanidad y la enseñanza pública presentan grietas por los cuatro costados.
El argumento supremo y único, de que Sánchez, es mejor que la extrema derecha, es más eficaz en España que en Italia, porque se identifica la nostalgia de unos cuantos con el golpismo. Para ser demócratas, los mamporreros deben ser de los nuestros.
domingo, 21 de junio de 2026
Dios: ¿un objeto cultural?
Artículo publicado en el periódico Ideal, Junio de 2026
Un pensador español en una reciente entrevista, consideraba que
Dios es el objeto cultural más grandioso y con mayor potencia que ha
creado la inteligencia humana.
En un texto rico en sugerencias, percibimos una ausencia importante:
al fin y al cabo, en cualquier traje encontramos una mota de polvo y
alguna abolladura en la chapa de cualquier automóvil.
En este caso, esa noción de Dios como objeto cultural, se acerca al
positivismo científico que reduce la religión a un tema a examinar o
describir en la historia o en la fenomenología de las religiones.
Sin negar que esto es de hecho, así, convendría para aproximarnos a
ese “objeto”, ahondar más en el asunto.
Los conceptos son también objetos y los hechos deben ser “casos”
de leyes generales que enlazamos en nuestra mente. De tal modo, que
objetos, hechos y leyes son los habitantes de la inteligencia, ella también,
es un hecho.
En esta línea Dawking argumenta que siendo la inteligencia obra
conseguida por la evolución durante millones de años, sería ingenuo,
concluir que hay una inteligencia previa que creó el mundo. Una
inteligencia divina inverificable.
Siendo ambas tesis sobre Dios, distintas, coinciden en que Dios es un
producto de la mente de los filósofos y teólogos.
Aquí vale recordar lo que ocurre cuando se juzga a cualquier grupo
de personas que viven una creencia o una fe, si se critica desde fuera de
su círculo, su tipo de vida, ellos suelen decirse entre sí: “no nos
entienden”.
Es verdad no nos entienden porque no viven la vida que nosotros
vivimos.
Dios no es un guijarro que encuentras en el río o la momia de un
faraón sino un ser vivo, una persona, cuya mente estableció las leyes de
la relatividad o de la termodinámica, antes de que existiese Carnot o
Einstein.
La teología del objeto divino no es ciertamente la más lograda de
nuestra época.
Tanto idealistas como materialistas pensaron que era una idea del
todo o una proyección de nuestros deseos. En ambos casos un objeto
que nos mueve al análisis científico o filosófico.
No se puede entender lo que no se vive, lo que explica que en un
discurso de León XIV, cada oyente solo entiende lo que para él ya era
evidente de antemano.
No basta la evidencia, es necesario vivirla con todas sus
consecuencias.
Muchos científicos, expertos en sus objetos, no acaban de admitir
que ellos mismos, son la clave para entender sus objetos.
En la sencillez de los sencillos, castillos sin fosos ni almenas, brota la
llama de amor vivo, la fuente que mana que desde el fondo de su alma
vivifica al mundo.
¿Emocionante, sólo?
Antes de que germinaran las semillas en la tierra, Dios establecía la
velocidad de implosión de millones de agujeros negros en el Universo.
Antes que Penrose o Hawking existiesen, existían los agujeros negros
que ellos descubrieron.
domingo, 12 de abril de 2026
Hechos y normas
Artículo publicado en el mes de abril de 2026
Ursula von der Leyen, Presidenta de la UE, ha matizado una
afirmación que sentó mal en Europa, dando por buena la situación fáctica,
la nueva era que inauguró Trump.
No se podía -dijo- mantener las normas obsoletas del Derecho
Internacional y dar la espalda a los hechos.
En la vieja Europa de la Doctrina Wilson y la “paz perpetua” que
mantiene la ONU, esta declaración, suena a funeral por el alma de Grozio
y los creadores del Derecho natural racionalista.
Desde el Tratado de Westfalia, Europa se ha hecho la ilusión de que la
política se guiaba por la pura razón, la educación y la cortesía liberal,
reflejo de la fraternidad universal.
El siglo XX que nos ha proporcionado tanto progreso, bienestar
material y unos intervalos de paz en zonas privilegiadas del planeta, nos
ha legado las guerras más letales y la mayor cantidad de muertos desde
el Neolítico hasta nuestros días.
¿Es ya obsoleto el Derecho Internacional? ¿Qué quiere decir
“obsoleto”?
Obsoleto quiere decir, fuera de la realidad, desusado, que no funciona
en la práctica.
Depende del nivel de la perspectiva con que consideremos la
cuestión.
El Estado de Derecho, las libertades fundamentales, “el habeas
corpus”, todavía son una realidad en la mayor parte de Europa y América.
El problema es hasta cuándo va a durar el “todavía”.
Los demócratas de Estados Unidos prolongan la tradición liberal y
progresista de Occidente, pero hay tres factores que les han puesto fuera
de juego: el terrorismo islámico desde el 11S, las migraciones y el pacto
de todas las guerrillas y los cárteles de la droga contra la democracia
americana, contra la democracia en general.
Entre estos elementos, la droga hace el papel de financiera universal.
¿Qué tiene de malo que los ciudadanos se gobiernen
democráticamente?
¿Existe para los seres humanos un gobierno que proporcione mayor
bienestar que el democrático?
Desde que triunfó el liberalismo con la revolución industrial, el
socialismo repite la respuesta: la democracia formal es universal, pero la
democracia real es para unos pocos.
¿De qué sirve imponer la democracia en Afganistán, si las
costumbres tradicionales son las normas que funcionan de hecho?
Haría falta una Ilustración en cada uno de esos países.
Si las normas democráticas se imponen contra las costumbres, eso
sólo se ha intentado conseguir mediante guerras, lo que evidentemente
contradice los ideales de la democracia que se cumple en el interior de
USA. pero que no funciona en las relaciones internacionales.
Nos hacemos la ilusión de que todo va más o menos bien dentro de
casa, pero en cuanto miramos al exterior sólo la presión económica y la
guerra son las “formas”, habituales de comunicación.
Hay dos modelos de hipocresía política, la del que te controla
cortésmente y la del que lo hace violentamente.
Las democracias fingen, los violentos no engañan, toman en directo
lo que, sin duda, no es suyo.
Paz y paciencia del Redentor
Artículo publicado en el mes de abril de 2026
El vestido es un signo de la dignidad del hombre y de la mujer. En
el vestido y en el modo de llevarlo, se refleja la personalidad de cada cual.
La complicación de la mente o la sencillez de la prenda, nos definen más
que un certificado del Registro.
Jesús de Nazaret fue privado de sus vestidos tres veces, la víspera de
la Pascua como se limpia de lana a los corderos antes de la matanza.
Mientras le azotaban, su sangre salpicaba las paredes, donde se
mezclaba con otras sangres de otros muchos.
Luego, volvieron a vestirle como a un rey de burlas, con la púrpura
regia, la caña a guisa de cetro y la corona de espinas. Le vendaron los
ojos y los soldados se turnaban en abofetearle mientras decían: “¿Quién
te dio, profeta”?
Jesús, sin embargo, callaba.
No exigía, ni siquiera se quejaba, sólo callaba.
El procedimiento es el que, a lo largo de los siglos, se ha empleado
con los delincuentes en los calabozos donde no rige el Derecho.
Luego, en una escena para la historia, presentan al pueblo al Hijo de
Dios: “¡Aquí tenéis a vuestro hombre!”
El propio Pilato, dirá a los representantes históricos del pueblo: pero
“¿Qué mal ha hecho?” Confirma pues, desde el Derecho romano que
Jesús es inocente.
A continuación, le quitaron, por segunda vez, las ropas con que le
escarnecieron y volvieron a ponerle las propias.
Concluye el Gobernador: “Soy inocente de la sangre de este justo”.
En realidad, se declara juez y parte.
Pilato no quiso echar mano de las tropas antidisturbios, porque era
políticamente más correcto ejecutar a un solo hombre que no amotinar al
pueblo, lo que acabaría sabiéndose en Roma, cuya ira recaería en él
mismo.
Tremenda la exclamación de la turba que sonaba más como un coro
griego: “¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!”
Llegados al pequeño montículo fuera de la ciudad, en un cruce de
caminos, donde las ejecuciones eran más visibles, volvieron a despojarle
de sus vestiduras habituales y sin más protocolos, se las repartieron sin
vergüenza porque no sabían que les contemplaba la historia, en una
gigantesca pantalla de espacio-tiempo.
Desde la altura, sólo entonces, abrió la boca, la razón eterna: “Padre,
perdónalos porque no saben lo que hacen”.
Y allí, estábamos todos.
domingo, 1 de marzo de 2026
Intenciones cortas y guerras largas
Artículo publicado en el periódico Ideal, febrero de 2026
Las guerras valen la pena no empezarlas porque su inercia puede
llevar a catástrofes millonarias en costes personales y económicos.
El punto de partida suele abrigar la creencia, en los estudios previos
de los estrategas, de que la guerra va a ser corta. Las cuentas siempre
cuadran en los tableros de los estados mayores.
Cuando los mapas y las maquetas empiezan a materializarse fuera de
la mente siempre hay una gran distancia entre el algoritmo y el mundo
real.
Hitler pensó que su guerra de blindados iba ser corta y duró seis años
y muchos millones de muertos. Napoleón, pensaba en los mismos
términos y sus guerras relámpago se estrellaron contra guerrillas y
partisanos.
El “modus operandi” de Japón logró merendarse China, Corea, el
Sudeste asiático hasta detenerse en las fronteras de la India.
En Ucrania, los planteamientos rusos de limpiar de “nazis” el país en
quince días, fueron muy equivocados, alargándose el conflicto por el
simple hecho de que Putin no es capaz de asimilar una derrota con un
enemigo tan frágil, tan débil, tan triturado.
Esa guerra como la de Gaza, generan un odio tan profundo que los
responsables piensan que sólo pueden ganar la partida por el exterminio
del adversario. Los adversarios no se exterminan tan fácilmente,
especialmente cuando un tótem ideológico o teocrático les empuja.
Es el caso de Afganistán, el Estado Islámico o Corea.
La alternativa es doble, algunas veces da resultado: integrar al
enemigo o negociar con él.
Todo depende de la magnitud del odio y de la inteligencia de los
artífices de aquella guerra que parecía corta y no acaba nunca.
El poder ¿corrompe?
Artículo publicado el el periódico Ideal, febrero de 2026
El poder, se presenta a veces como una fuerza física.
En una guerra, un misil tiene un impacto mecánico semejante a un rayo.
Zeus aparece en la mitología con su panoplia de rayos y el Dios del Sinaí
hace temblar desde la altura del monte a la bajura del pueblo.
Los hombres siempre han aspirado a ser como dioses y algunos,
aunque parece inverosímil, su divinidad resiste a las alergias, gripes y
trancazos.
El poder público es una herramienta que el pueblo proporciona al
Estado para que, votando los impuestos, administre los dineros para el
bien común.
A partir de aquí y siguiendo la sentencia clásica de que “no hay
principio sin príncipe”, caemos en la cuenta de que el Estado no funciona
solo como una lavadora o una cosechadora, sino que el poder lo da el
pueblo a personas concretas: jueces, diputados y ejecutivos, personas de
carne y hueso.
En el Occidente civilizado, el pueblo concede poder a unas personas
y les proporciona auctoritas, competencia y legitimidad.
La legitimidad convierte al político en algo separado del pueblo con la
mágica función de aprobar leyes, juzgar conductas y ejecutar los dineros
que el pueblo ha puesto en sus manos.
La corrupción como una yedra se ensambla con el poder en sus
distintos gradientes.
En el nivel más bajo cuando se amañan las elecciones, en el segundo
nivel, cuando los diputados no votan en conciencia sino al interés de los
líderes de los partidos y cuando las leyes que rigen para todos sirven al
interés de unos pocos, lo mismo cuando los jueces se rigen por criterios
políticos y no jurídicos.
Si subimos más arriba en esta cadena de legitimidades, cuando el
líder elige como ministros a sus amigos más que a los competentes. En
este caso, estamos ante un síntoma de mentalidad autoritaria en donde el
Poder se convierte en propiedad privada del Presidente y del colectivo de
los ministros.
Es corrupto el Gobierno que se mantiene en el Poder cuando no
consigue aprobar presupuestos como obliga la Constitución.
Todas estas grietas en la legitimidad, son más bien estructurales,
toman formas de prevaricación y malversación, abuso de poder, etc. Son
estructurales porque dan lugar a hábitos colectivos y que suelen
justificarse con la excusa de que “lo hacen todos”, como en el caso de las
mordidas y comisiones.
¿Cómo afronta el Poder su propia corrosión interna? Con el silencio y
la propaganda: Se ocultan las grietas con el celofán de la propaganda, y
se asciende a los más corruptos o se integra el Estado en la Internacional
de la corrupción en donde todos cubren a todos.
La evidencia de la corrupción es un potente foco que revela como la
Ética sin moral personal es una cobertura de la corrupción que trabaja
siempre para aparentar como verdad, la legalidad frente a la moralidad
dando lugar a que los corruptos vayan desplazando a los honrados de las
esferas del Poder.