domingo, 27 de septiembre de 2026

Perder el tiempo

 Artículo publicado en el periódico Ideal, septiembre de 2026


Hay dos maneras de considerar la vida: Desde el punto de vista del

tiempo y por tanto a través de la memoria o fuera del tiempo, a través del

punto de mira del instante.




En general, el adulto maduro, juzga la vida teniendo en cuenta la

experiencia temporal y por eso mismo planifica su futuro y aprende de su

pasado. Puede encontrar un problema en dicha experiencia y es ceder a

la pereza de detenerse en un instante feliz o desgraciado y tender a

perpetuarlo, incluso aunque se trate de un duelo. En el duelo -lamerse las

heridas- se siente víctima, centra la atención de todos, es alguien.

Los jóvenes carecen de experiencia y sólo tienen como guardián el

temor. El miedo a lo desconocido, el imaginar que lo desconocido es un

mal inminente o hasta mortal, le hace pensar dos veces antes de lanzarse

a vivir.

Hay jóvenes que son audaces e imprudentes y quieren demostrar a

los demás y así mismos que son capaces, bravos y como suele decirse

“no se lo piensan dos veces”.

La timidez y la audacia en este sentido, son bastante genéticos y

tienen sus ventajas y desventajas. El tímido puede bloquearse y no

aprender de la vida, pero el audaz puede estrellarse y no aprender que

hay que pensar antes de actuar. El temor es un acicate para pensar que

hay que hacer y pensarlo racionalmente, la audacia tiene sentido cuando

hay que vencer el bloqueo y avanzar.

La juventud, en los países desarrollados, tiene el riego de “perder el

tiempo”.

Perder el tiempo -piensan ellos- es aprovecharlo, sacarle partido, en

lo divertido, en lo placentero, en lo emocionante.

“Perder el tiempo” es una categoría que se mide por la finalidad que

atribuimos a nuestros actos. Si nuestro objetivo es precisamente “perder

el tiempo”, lo conseguimos fácilmente. Habitualmente la gente que pierde

el tiempo suele engañarse a sí misma, pensando que ya tendrá tiempo

para recuperarlo, pero no siempre cuenta con el favor del tiempo.

El tiempo perdido no vuelve, hablando en general. Ocurre, entonces

que te encuentras a los cuarenta años con una edad psicológica de 18.

El riesgo del joven es sestear sobre el instante feliz y cuando se

acaba, caben dos salidas: salir a buscarlo a repetirlo, cayendo en la

adicción, o ir adquiriendo memoria del futuro y administrar los tiempos

con cabeza.

Los padres y los maestros pueden preparar el camino para que sus

hijos no pierdan el tiempo, educándoles desde el principio en valerse por

sí mismo, aprender las reglas elementales de educación, en el trato con

los demás y en el suyo propio, en proponerles ideales de vida para

cuando sean jóvenes y mayores, etc.

La vida entendida como una acumulación de momentos felices que

nos proporciona un genio benefactor sólo se lo puede permitir un niño de

padres ricos y permisivos, es decir sin sentido de responsabilidad. Esa

modalidad de vida acaba siempre mal, porque el niño se acostumbra a no

servir y esto lleva a no servir para nada.

El secreto para evitar la desgracia del hijo es habituarle a servir a los

demás, de ahí la ventaja de las familias numerosas.

Dado que la felicidad se adquiere mediante la adquisición de hábitos

buenos, el ponerse a recuperar el tiempo perdido cuando ya se está

pensando en la jubilación, es posible, pero no fácil.

Una familia en la que los cónyuges entienden su felicidad en

separado ya no tienen tiempo para educar y delegan en el Colegio.

La buena educación no se paga con dinero sino con atención

personal, afectuosa, no agobiante.

lunes, 17 de agosto de 2026

Qué somos y dónde estamos

Publicado en el periódico Ideal, agosto de 2026

No somos lo que fuimos y no sabemos lo que seremos. En esa
situación de inestabilidad y provisionalidad, quienes tienen el timón de la
nave hacen lo posible por estar bien con casi todos mediante una retórica
pacifista y acomodaticia, pero lejana del contexto real, destinada a la
propaganda ya la desinformación.



La memoria del país es larga, no se detiene en 1936 ni en 1931 sino
que salta los siglos.
No podemos olvidar, aunque queramos, que fuimos durante tres
siglos la primera potencia del mundo.
Eso no es ni bueno ni malo, simplemente es un hecho que sólo se
podría olvidar por amnesia profunda o por cobardía.
Cuanto más alta es la exaltación, más profundo es el derrumbe de lo
que fue, no un sueño o una ilusión sino una realidad.
A finales del XIX España iba disfrazada de Imperio, pero era ya un
fantasma que los americanos se encargaron de desnudar.
Aparece entonces la generación del 98 que mientras se lamía las
heridas históricas preparaba el retorno al progresismo del siglo XIX que
llevó a la catarsis de la guerra civil.
El ADN de nuestra historia está formado por esos altibajos de euforia
y depresión, hasta que por los años 60 se diseñó un tránsito pacífico
desde la ideología a la tecnología.
Nos concentramos a fondo en el automóvil, el scooter, y la
secularización, entramos en la NATO, en las bases americanas y en la UE.
El período de Felipe González fue una socialdemocracia que se
integró en Europa con aceptación general.
De pronto, surge una generación de “sans-culottes” procedente de la
marginalidad menos ilustrada y comienza un giro hacia el “eje del mal”
(denominado lado correcto de la historia) que tiene la virtud de
recordarnos no lo que somos sino lo que fuimos. Aquello que ya no
existe, pesa en la conciencia histórica, mucho más que lo que existe.
Y aparecen los fantasmas de antaño, un Mohamed VI, Ceuta de Don
Julián y la Melilla de Prim y Primo de Rivera. Reaparecen los USA, los
holandeses, y todos nos preguntan ¿Qué sois y adonde estáis?
Cuando se habla del “lado correcto de la Historia” uno se inserta en el
marxismo más o menos moderado. Esa posición obedece a una sociedad
y a una mentalidad que tampoco existe.
No hay otra ideología hoy en día que el deseo de bienestar y de
conservar el bienestar.
Nos encontramos con dos mentalidades en conflicto, la de los
políticos que piensan como en el siglo XIX y la propia de una sociedad
que sólo piensa en vacaciones y en el “finde”.

Hay minorías selectas, élites, pero no tienen el poder y tampoco su
vocación es tenerlo. Son las pymes, profesores, ingenieros, funcionarios,
empresarios.
¿Quién tiene el poder?
Hay un poder aparente que no ha aprendido en más de una década, ni
a mandar ni siquiera a defraudar a Hacienda.
Le llueven catástrofes y se le plantean decisiones de envergadura y
solamente saben echar las colillas bajo la alfombra.
Como en otras épocas, se consigue el mayor número de enemigos
posibles y se arroja en los brazos de los enemigos de sus anteriores
amigos.
En el siglo XVI, había potencia, en el XIX, lágrimas y hoy, miedo.

Una democracia sin jueces

 Artículo publicado en el periódico Ideal, agosto 2026


Desde el punto de vista de la eficiencia política, el poder encuentra

en los jueces un supervisor que controla al Ejecutivo con la Ley y la Ley

con la Constitución.

Si por eficacia entendemos la rápida ejecución de los Proyectos

gubernativos sin límite en las Leyes y/o en la Judicatura, el problema

entonces es de definición: saber qué es una democracia.

En la Historia política de la Humanidad ha habido de todo, pero una

democracia que no tenga que rendir cuentas y con la intención de

permanecer así indefinidamente, siempre se ha denominado con el

nombre de dictadura y en Grecia de tiranía.

Hay formas de democracia directa que todos conocemos: la

comunidad de vecinos y el régimen asambleario en el que ya no se trata

de propietarios sino de ciudadanos sin oficio ni beneficio y que debiera

funcionar como la seda.



Cuando no hay oficio ni beneficio emerge la serpiente del liderazgo,

de acaparar la atención, de ser el más listo o el más hábil o el que tiene la

capacidad de tener millones de visitantes en su web.

El régimen asambleario tiene vida en la calle donde no se juega nada,

pero en cuanto se constituye en partido, deriva a la dictadura o a ser

títeres del poder.

Esto de la política no es para el común de los mortales sino para unas

minorías con muchas virtudes y muchas habilidades.

Por eso se ha inventado la representación, en donde los mandatarios

no son los que mandan sino unos mandados que tienen como oficio

comandar conviviendo con los demás representantes.

El enigma de la representación permite entender tantos garbanzos

cociéndose en el mismo puchero y lejos de los representados que sólo

huelen el cocido en pequeñas dosis por los medios y las redes.

La representación es un intermediario entre los votantes y el poder

que resulte al final del proceso electoral. Tienen la obligación de llevar la

voluntad del que le ha votado al Parlamento.

Esa voluntad, lógicamente, no es la voluntad concreta de cada

individuo sino la genérica que representa el programa del partido al que el

representante pertenece.

En nuestro sistema, manifiestamente mejorable, el ideario del partido

lo interpreta el jefe de partido y todos los representantes votan

ciegamente lo que su jefe les ordena.

Entre la conciencia del líder y las conciencias de los millones de

electores sólo puede haber, de facto, una comunicación. Se le deja al jefe

la total libertad y se reserva cada cuatro años, el poder de sustituirlo.

La coordinación entre el Legislativo y el Ejecutivo, las listas de

candidatos las aprueba el Partido cuyo jefe será el del Gobierno o el de la

Oposición, en su caso. Por tanto, el Legislativo depende del Ejecutivo y

de las combinaciones más o menos aberrantes que éste haga con las

minorías y que no recaba la aprobación de los representados.

Sin embargo, la Judicatura es un Cuerpo de profesionales de lenta

formación y que escapa de la elección, a veces, en favor del mérito y del

escalafón.

En este sentido, el Poder Judicial, constantemente amenazado de

politización, es el único órgano del Estado que se rige por las Leyes que

él no ha elaborado y que guarda distancia con los intereses del mercado,

en el que, ni profesional, ni jurisdiccionalmente puede entrar.

Los Tribunales, están fuera de la lucha de partidos y pueden

mantenerse más libres de los intereses particulares.

No son elegidos democráticamente, precisamente, para que los que sí

son elegidos por el pueblo, no acaben representándose a sí mismos.

¿Un Papa comunista?

 Artículo publicado en el periódico Ideal, agosto de 2026


La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) ha dado pasos de gigante,

especialmente a partir de S. Juan XXIII que recibió el calificativo

inmerecido de “comunista” por parte de la Derecha y los grandes

detentadores del Capital. Le sigue San Pablo VI, Benedicto XVI y

Francisco que sufrió los mayores epítetos, dado su característico

temperamento.

La DSI, sin embargo, es clara y nítida.

Y ha sido el Papa León XIV quien a propósito de la IA la ha vuelto a

exponer, actualizándola dado el estado actual de la economía y la

tecnología, unidas indisolublemente al capital, como lo viene haciendo

desde el siglo XVIII.



La diferencia esencial y a la vez simple, entre el concepto marxista de

la economía y la DSI, es el concepto de “trabajador”.

Para Marx, el capitalismo liberal absorbe la plusvalía que en buena

parte produce el trabajador y en vez de llegar a un reparto de beneficios,

considera el salario un coste que debe disminuir en favor del beneficio

empresarial. Este planteamiento no tiene nada de revolucionario, sino que

se limita a describir los hechos.

El capitalismo hace del trabajador una pieza de la máquina de generar

riqueza y por exigencias del sistema tiende a generar paro por imperativo

de la ley del máximo beneficio.

La lucha de clases, supone la subsunción de los trabajadores en su

clase y la persona se subsume en la masa sufriente de la humanidad

explotada. Este “hombre masa” no es una persona individual sino aquella

parte de la humanidad que debe sacrificarse por sus hermanos según una

mística revolucionaria. La “masa” es un concepto de la física newtoniana

ligada a la fuerza y a la energía: En la lucha callejera vemos como la

revolución es la suma de “masa” e ideología.

Los papas reconocen desde León XIII, los hechos manifiestos de la

explotación y contemplan en el paro, la creación de un “ejército de

reserva”, que hoy en día, pueden ser los jóvenes, dispuestos a aceptar

cualquier trabajo a cualquier precio.

La visión cristiana de la empresa se centra en lo que se entiende por

fin último de la economía. El “desarrollo integro de todo hombre y de

todos los hombres”.

Mientras el comunismo ve en la lucha de clases un conflicto cósmico

entre el Bien y el Mal que le lleva al exterminio del capitalista en una

guerra sin piedad, la DSI concibe la empresa como una estructura

formada por personas, que son, cada una de ellas, algo sagrado.

Al constituir una empresa el fin no puede ser crear riqueza sino

conseguir el desarrollo integral de todos los miembros de la empresa.

En el planning de las empresas, el objetivo debe ser crear puestos de

trabajo que permitan una vida digna de los trabajadores y sus familias.

Eso hace que el beneficio no sea el fin de la empresa sino el medio.

Es una doctrina que se propone, no se impone y que descarta el

conflicto y la acción violenta.

Si el capitalismo acumula riqueza -hoy más que nunca- para beneficio de

unos pocos, la concepción cristiana pone en el centro la persona, su

progreso y su desarrollo.

La empresa debe nacer con una hipoteca social, con un coeficiente de

gratuidad y un cambio de mentalidad en donde el beneficio es el medio y

la persona es el fin.

martes, 7 de julio de 2026

Deber no es un deber

 Artículo publicado en el periódico Ideal , julio de 2026


Uno de los signos de identidad de los partidos socialistas es endeudarse en primer lugar, para sostener el estado de bienestar: sanidad, educación, seguridad social. 

Hay dos maneras de cubrir el ingente gasto que supone una economía sostenible: la que ordinariamente practica la izquierda que consiste en endeudarse sin límite o bien, la que emplea la derecha fomentando las inversiones privadas o públicas, nacionales o extranjeras e incrementando la productividad.

Este esquema no es rígido.

La Deuda Pública y privada se practica, sea el gobierno conservador o progresista. Hay una diferencia de grado.


Cuando el gobierno se endeuda hasta las cejas y carga, además, de impuestos a los contribuyentes, la sensación que entusiasman a los políticos es que manejan grandes cantidades de dinero y que todo va bien. La liquidez permite tocar los medios de pago que resuelven todos los problemas.

Se sostienen las nóminas de funcionarios y pensionistas y los políticos, aun dentro de la legalidad, manejan una “pasta floja” en subvenciones, dietas y gastos varios.

A ello se suma la conciencia tranquila de que están favoreciendo a las clases más desfavorecidas y vulnerables, mantienen la paz social y conducen a índices de bienestar y progreso crecientes. No se olvide que siempre hay presupuesto añadido para la información, los medios de comunicación, las redes, los asesores, etc.

Si Trump nos insiste en elevar al 5% nuestro presupuesto de Defensa, crujen las entretelas del sistema e intentamos resistirnos. 

Como el potencial económico de España es notable, entre deuda e impuestos, siempre habrá quien financie el statu quo económico.

La Deuda Pública en nuestro país alcanzó el billón de euros.

Los conservadores, la patronal, los autónomos y los jóvenes ven cada día que,sumando los impuestos y el precio de la vivienda, tratan de pagar los colegios, el vestido,las vacaciones con créditos personales.

La política que requieren los conservadores, exige la bajada de impuestos y la disminución del gasto público, manteniendo a la vez, el estado del bienestar. 

Con menos impuestos y menos deuda, los autónomos empiezan a respirar y los jóvenes pueden aspirar a independizarse.

Se marca una línea azul: jóvenes, autónomos,pequeños empresarios y campesinos se convierten en conservadores sin que las ideologías de mayo del 68, les atraigan lo más mínimo.

Así resulta que hoy en Europa, ser revolucionario exija ser reaccionario. Todo, una guasa.

Los ocho años del “sanchismo” se definen como ausencia de gobierno, juegos de manos, complicidad, nivel cutre de educación y falta de profesionalidad, descenso de inversiones. 

¿Dónde va pues el dinero de los fondos europeos?

Un dato significativo es el anuncio de una inversión de mil millones para el arreglo de las carreteras. Es una cifra ridícula, sabiendo cómo están las comunicaciones.

Esa mezquindad se explica porque el gobiernono tiene dinero real.

A la vez, tiene una necesidad primaria de mantener la función pública, las pensiones y la sanidad. No tiene dinero para nada más, salvo para los intereses de la Deuda.

El dilema es claro: Dedicamos los ingresos en gasto improductivo o en gasto productivo.

Es obvio que, en los ocho años trascurridos, la mayor parte del gasto público ha sido improductivo.

Las empresas sufren la falta de potencial eléctrico, las inversiones decrecen y la sanidad y la enseñanza pública presentan grietas por los cuatro costados.

El argumento supremo y único, de que Sánchez, es mejor que la extrema derecha, es más eficaz en España que en Italia, porque se identifica la nostalgia de unos cuantos con el golpismo. Para ser demócratas, los mamporreros deben ser de los nuestros.

domingo, 21 de junio de 2026

Dios: ¿un objeto cultural?

 Artículo publicado en el periódico Ideal, Junio de 2026


Un pensador español en una reciente entrevista, consideraba que

Dios es el objeto cultural más grandioso y con mayor potencia que ha

creado la inteligencia humana.




En un texto rico en sugerencias, percibimos una ausencia importante:

al fin y al cabo, en cualquier traje encontramos una mota de polvo y

alguna abolladura en la chapa de cualquier automóvil.

En este caso, esa noción de Dios como objeto cultural, se acerca al

positivismo científico que reduce la religión a un tema a examinar o

describir en la historia o en la fenomenología de las religiones.

Sin negar que esto es de hecho, así, convendría para aproximarnos a

ese “objeto”, ahondar más en el asunto.

Los conceptos son también objetos y los hechos deben ser “casos”

de leyes generales que enlazamos en nuestra mente. De tal modo, que

objetos, hechos y leyes son los habitantes de la inteligencia, ella también,

es un hecho.

En esta línea Dawking argumenta que siendo la inteligencia obra

conseguida por la evolución durante millones de años, sería ingenuo,

concluir que hay una inteligencia previa que creó el mundo. Una

inteligencia divina inverificable.

Siendo ambas tesis sobre Dios, distintas, coinciden en que Dios es un

producto de la mente de los filósofos y teólogos.

Aquí vale recordar lo que ocurre cuando se juzga a cualquier grupo

de personas que viven una creencia o una fe, si se critica desde fuera de

su círculo, su tipo de vida, ellos suelen decirse entre sí: “no nos

entienden”.

Es verdad no nos entienden porque no viven la vida que nosotros

vivimos.

Dios no es un guijarro que encuentras en el río o la momia de un

faraón sino un ser vivo, una persona, cuya mente estableció las leyes de

la relatividad o de la termodinámica, antes de que existiese Carnot o

Einstein.

La teología del objeto divino no es ciertamente la más lograda de

nuestra época.

Tanto idealistas como materialistas pensaron que era una idea del

todo o una proyección de nuestros deseos. En ambos casos un objeto

que nos mueve al análisis científico o filosófico.

No se puede entender lo que no se vive, lo que explica que en un

discurso de León XIV, cada oyente solo entiende lo que para él ya era

evidente de antemano.

No basta la evidencia, es necesario vivirla con todas sus

consecuencias.

Muchos científicos, expertos en sus objetos, no acaban de admitir

que ellos mismos, son la clave para entender sus objetos.


En la sencillez de los sencillos, castillos sin fosos ni almenas, brota la

llama de amor vivo, la fuente que mana que desde el fondo de su alma

vivifica al mundo.

¿Emocionante, sólo?

Antes de que germinaran las semillas en la tierra, Dios establecía la

velocidad de implosión de millones de agujeros negros en el Universo.

Antes que Penrose o Hawking existiesen, existían los agujeros negros

que ellos descubrieron.

domingo, 12 de abril de 2026

Hechos y normas

Artículo publicado en el mes de abril de 2026

Ursula von der Leyen, Presidenta de la UE, ha matizado una

afirmación que sentó mal en Europa, dando por buena la situación fáctica,

la nueva era que inauguró Trump.



No se podía -dijo- mantener las normas obsoletas del Derecho

Internacional y dar la espalda a los hechos.

En la vieja Europa de la Doctrina Wilson y la “paz perpetua” que

mantiene la ONU, esta declaración, suena a funeral por el alma de Grozio

y los creadores del Derecho natural racionalista.

Desde el Tratado de Westfalia, Europa se ha hecho la ilusión de que la

política se guiaba por la pura razón, la educación y la cortesía liberal,

reflejo de la fraternidad universal.

El siglo XX que nos ha proporcionado tanto progreso, bienestar

material y unos intervalos de paz en zonas privilegiadas del planeta, nos

ha legado las guerras más letales y la mayor cantidad de muertos desde

el Neolítico hasta nuestros días.

¿Es ya obsoleto el Derecho Internacional? ¿Qué quiere decir

“obsoleto”?

Obsoleto quiere decir, fuera de la realidad, desusado, que no funciona

en la práctica.

Depende del nivel de la perspectiva con que consideremos la

cuestión.

El Estado de Derecho, las libertades fundamentales, “el habeas

corpus”, todavía son una realidad en la mayor parte de Europa y América.

El problema es hasta cuándo va a durar el “todavía”.

Los demócratas de Estados Unidos prolongan la tradición liberal y

progresista de Occidente, pero hay tres factores que les han puesto fuera

de juego: el terrorismo islámico desde el 11S, las migraciones y el pacto

de todas las guerrillas y los cárteles de la droga contra la democracia

americana, contra la democracia en general.

Entre estos elementos, la droga hace el papel de financiera universal.

¿Qué tiene de malo que los ciudadanos se gobiernen

democráticamente?

¿Existe para los seres humanos un gobierno que proporcione mayor

bienestar que el democrático?

Desde que triunfó el liberalismo con la revolución industrial, el

socialismo repite la respuesta: la democracia formal es universal, pero la

democracia real es para unos pocos.


¿De qué sirve imponer la democracia en Afganistán, si las

costumbres tradicionales son las normas que funcionan de hecho?

Haría falta una Ilustración en cada uno de esos países.

Si las normas democráticas se imponen contra las costumbres, eso

sólo se ha intentado conseguir mediante guerras, lo que evidentemente

contradice los ideales de la democracia que se cumple en el interior de

USA. pero que no funciona en las relaciones internacionales.

Nos hacemos la ilusión de que todo va más o menos bien dentro de

casa, pero en cuanto miramos al exterior sólo la presión económica y la

guerra son las “formas”, habituales de comunicación.

Hay dos modelos de hipocresía política, la del que te controla

cortésmente y la del que lo hace violentamente.

Las democracias fingen, los violentos no engañan, toman en directo

lo que, sin duda, no es suyo.

Paz y paciencia del Redentor

 Artículo publicado en el mes de abril de 2026

El vestido es un signo de la dignidad del hombre y de la mujer. En

el vestido y en el modo de llevarlo, se refleja la personalidad de cada cual.

La complicación de la mente o la sencillez de la prenda, nos definen más

que un certificado del Registro.

                            

Jesús de Nazaret fue privado de sus vestidos tres veces, la víspera de

la Pascua como se limpia de lana a los corderos antes de la matanza.

Mientras le azotaban, su sangre salpicaba las paredes, donde se

mezclaba con otras sangres de otros muchos.

Luego, volvieron a vestirle como a un rey de burlas, con la púrpura

regia, la caña a guisa de cetro y la corona de espinas. Le vendaron los

ojos y los soldados se turnaban en abofetearle mientras decían: “¿Quién

te dio, profeta”?

Jesús, sin embargo, callaba.



No exigía, ni siquiera se quejaba, sólo callaba.

El procedimiento es el que, a lo largo de los siglos, se ha empleado

con los delincuentes en los calabozos donde no rige el Derecho.

Luego, en una escena para la historia, presentan al pueblo al Hijo de

Dios: “¡Aquí tenéis a vuestro hombre!”

El propio Pilato, dirá a los representantes históricos del pueblo: pero

“¿Qué mal ha hecho?” Confirma pues, desde el Derecho romano que

Jesús es inocente.

A continuación, le quitaron, por segunda vez, las ropas con que le

escarnecieron y volvieron a ponerle las propias.

Concluye el Gobernador: “Soy inocente de la sangre de este justo”.

En realidad, se declara juez y parte.

Pilato no quiso echar mano de las tropas antidisturbios, porque era

políticamente más correcto ejecutar a un solo hombre que no amotinar al

pueblo, lo que acabaría sabiéndose en Roma, cuya ira recaería en él

mismo.

Tremenda la exclamación de la turba que sonaba más como un coro

griego: “¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!”

Llegados al pequeño montículo fuera de la ciudad, en un cruce de

caminos, donde las ejecuciones eran más visibles, volvieron a despojarle

de sus vestiduras habituales y sin más protocolos, se las repartieron sin


vergüenza porque no sabían que les contemplaba la historia, en una

gigantesca pantalla de espacio-tiempo.

Desde la altura, sólo entonces, abrió la boca, la razón eterna: “Padre,

perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Y allí, estábamos todos.

domingo, 1 de marzo de 2026

Intenciones cortas y guerras largas

 Artículo publicado en el periódico Ideal, febrero de 2026

Las guerras valen la pena no empezarlas porque su inercia puede

llevar a catástrofes millonarias en costes personales y económicos.

El punto de partida suele abrigar la creencia, en los estudios previos

de los estrategas, de que la guerra va a ser corta. Las cuentas siempre

cuadran en los tableros de los estados mayores.

Cuando los mapas y las maquetas empiezan a materializarse fuera de

la mente siempre hay una gran distancia entre el algoritmo y el mundo

real.



Hitler pensó que su guerra de blindados iba ser corta y duró seis años

y muchos millones de muertos. Napoleón, pensaba en los mismos

términos y sus guerras relámpago se estrellaron contra guerrillas y

partisanos.

El “modus operandi” de Japón logró merendarse China, Corea, el

Sudeste asiático hasta detenerse en las fronteras de la India.

En Ucrania, los planteamientos rusos de limpiar de “nazis” el país en

quince días, fueron muy equivocados, alargándose el conflicto por el

simple hecho de que Putin no es capaz de asimilar una derrota con un

enemigo tan frágil, tan débil, tan triturado.


Esa guerra como la de Gaza, generan un odio tan profundo que los

responsables piensan que sólo pueden ganar la partida por el exterminio

del adversario. Los adversarios no se exterminan tan fácilmente,

especialmente cuando un tótem ideológico o teocrático les empuja.

Es el caso de Afganistán, el Estado Islámico o Corea.

La alternativa es doble, algunas veces da resultado: integrar al

enemigo o negociar con él.

Todo depende de la magnitud del odio y de la inteligencia de los

artífices de aquella guerra que parecía corta y no acaba nunca.

El poder ¿corrompe?

 Artículo publicado el el periódico Ideal, febrero de 2026


El poder, se presenta a veces como una fuerza física.

En una guerra, un misil tiene un impacto mecánico semejante a un rayo.

Zeus aparece en la mitología con su panoplia de rayos y el Dios del Sinaí

hace temblar desde la altura del monte a la bajura del pueblo.

Los hombres siempre han aspirado a ser como dioses y algunos,

aunque parece inverosímil, su divinidad resiste a las alergias, gripes y

trancazos.



El poder público es una herramienta que el pueblo proporciona al

Estado para que, votando los impuestos, administre los dineros para el

bien común.

A partir de aquí y siguiendo la sentencia clásica de que “no hay

principio sin príncipe”, caemos en la cuenta de que el Estado no funciona

solo como una lavadora o una cosechadora, sino que el poder lo da el

pueblo a personas concretas: jueces, diputados y ejecutivos, personas de

carne y hueso.

En el Occidente civilizado, el pueblo concede poder a unas personas

y les proporciona auctoritas, competencia y legitimidad.

La legitimidad convierte al político en algo separado del pueblo con la

mágica función de aprobar leyes, juzgar conductas y ejecutar los dineros

que el pueblo ha puesto en sus manos.

La corrupción como una yedra se ensambla con el poder en sus

distintos gradientes.



En el nivel más bajo cuando se amañan las elecciones, en el segundo

nivel, cuando los diputados no votan en conciencia sino al interés de los

líderes de los partidos y cuando las leyes que rigen para todos sirven al

interés de unos pocos, lo mismo cuando los jueces se rigen por criterios

políticos y no jurídicos.

Si subimos más arriba en esta cadena de legitimidades, cuando el

líder elige como ministros a sus amigos más que a los competentes. En

este caso, estamos ante un síntoma de mentalidad autoritaria en donde el

Poder se convierte en propiedad privada del Presidente y del colectivo de

los ministros.

Es corrupto el Gobierno que se mantiene en el Poder cuando no

consigue aprobar presupuestos como obliga la Constitución.

Todas estas grietas en la legitimidad, son más bien estructurales,

toman formas de prevaricación y malversación, abuso de poder, etc. Son

estructurales porque dan lugar a hábitos colectivos y que suelen

justificarse con la excusa de que “lo hacen todos”, como en el caso de las

mordidas y comisiones.

¿Cómo afronta el Poder su propia corrosión interna? Con el silencio y

la propaganda: Se ocultan las grietas con el celofán de la propaganda, y

se asciende a los más corruptos o se integra el Estado en la Internacional

de la corrupción en donde todos cubren a todos.

La evidencia de la corrupción es un potente foco que revela como la

Ética sin moral personal es una cobertura de la corrupción que trabaja

siempre para aparentar como verdad, la legalidad frente a la moralidad

dando lugar a que los corruptos vayan desplazando a los honrados de las

esferas del Poder.

viernes, 29 de agosto de 2025

El quinto elemento

 Artículo publicado en el periódico Ideal, agosto de 2025


Ante el fuego, efecto del abandono, los humanos recurren a la

solidaridad.




La solidaridad, como la limpieza de los bosques, debiera funcionar

antes de las emergencias y no sólo después.

Hombres y mujeres defienden su dignidad, identidad y bienestar por

encima de todo. Si se sienten mal con su nariz, se echan en manos del

cirujano plástico, pero no se les ocurre pensar en que abajo, en el portal,

el mendigo pide un plato de algo, y no siempre se lo dan.

El látigo descarga sobre la piel de toro cuando ya no hay toro que no

contamine. Los millones de la UE no llegan ni para la pandemia, la Palma,

la Dana, y la pre-emergencia del Norte.

Sutil maquillaje de la gran emergencia de los últimos cien años.

Con esa sutileza las Comunidades del enemigo político deben pedir

aviones a Francia e Italia.

Viento, fuego, asolan la tierra y se combate el fuego con agua y con

vida. Los cuatro elementos, los ancestros de la tabla periódica se desatan

sobre España.

El quinto elemento, la solidaridad, no moja ni quema, no se ve ni se

oye porque no hay radares para el espíritu.

La solidaridad, socialmente hablando, nació en las luchas obreras del

XIX, con la idea de hacer una caja común con la que poder resistir durante

las huelgas.

En el siglo XX fue un factor decisivo en la caída del Muro.

Cuando el Estado mira hacia otro lado, la sociedad de forma

espontánea, se defiende instintivamente con ese movimiento que es la

solidaridad.

Solidarios son los hermanos con sus padres, solidarios los

municipios con sus vecinos, incluso, los estudiantes que se intercambian

“chuletas” con sus compañeros.

A veces la solidaridad traspasa las fronteras y unos países ayudan a

otros en catástrofes y terremotos.

La sensibilidad salta a flor de piel y no importa arriesgar la vida para

salvar otras vidas. Les llamamos “héroes”, y lo son, y en similares

circunstancias muchos harían lo mismo que ellos.

Esas formas elementales y primitivas de solidaridad surgen cuando

las gentes, que ven que todos están perdiendo todo, se lanzan a luchar

contra el fuego, el agua o el volcán.

Cuando todos están perdiendo todo, la solidaridad alcanza su grado

máximo.



La civilización, ha creado desde el Neolítico, unas instituciones que

han ido protegiendo a los ciudadanos frente a los eventos desagradables.

El Estado y también organizaciones privadas, tienden a estabilizar los

socorros. La Sanidad, la Seguridad Social, etc. son canales que civilizan

la solidaridad y le quitan sus aspectos emocionales y heroicos.

Todo tipo de Seguros son capaces de cubrir las necesidades y los

imprevistos.

La enfermedad, la muerte, la ignorancia, la inseguridad individual y

colectiva, ahí tenemos al Estado y su enjambre burocrático del que tantas

veces nos quejamos.

En ocasiones como las que todos hemos podido lamentar en la última

década, presenciamos, como si no hubiera Estado, la vuelta del heroísmo

y la solidaridad.

Las instituciones del Estado no están para funcionar cuando los

ciudadanos o las entidades inferiores no son capaces de resolver una

situación imposible, sino planificar y prever los problemas del futuro,

para que cuando éstos sucedan, nada quede a merced del arbitrio, del

azar o del heroísmo.

Felipe González recordaba que cuando se dio una emergencia grave

en Bilbao, llevó en 24 hs. el Ejército a resolverlo.

Como aquel otro que desvió el Turia con buen acuerdo.

El quinto elemento, es sin duda, la solidaridad, pero hay una

solidaridad civilizada y cuando ésta falta, la suple el heroísmo salvaje de

los héroes.

domingo, 17 de agosto de 2025

¿Somos química o electricidad?

 Artículo publicado en Ideal, agosto de 2025


Una tercera parte de la población en los países desarrollados vive y

muere gracias a la química.



A partir de cierta edad, cada vez más temprana, la gente se vacuna, se

medica, se infiltra y se escanea. Gracias a tanta tecnología, vivimos o

morimos según los casos.

Luego nos medican con un abanico de fármacos que, al charlar en la

cola de la farmacia, descubrimos que todos tomamos lo mismo. Del rey

abajo, ninguno deja de tomar algo para la tensión, la ansiedad, el dolor de

espalda y las cremas revitalizadoras.

A la par, nuestra conducta sexual viene predeterminada por un

complejo instrumental, digamos erótico, cuya eficacia debe ser notable

dada la baja natalidad que se da en nuestro país. Sólo África consigue

alcanzar el nivel de reemplazo.

Si quieres concebir, si no quieres concebir, si tienes erección, o no,

en cualquier supermercado en América te dan la solución.

Entre tanto la DGT advierte que la mortandad de la población-que en

principio tienen una esperanza de vida envidiable- mueren en la carretera

y a veces, en el paso de peatones, a efectos del alcohol, de las drogas y

de los psicótropos.

Las cifras son de escalofrío, pero a la mayor parte de los

conductores, no les da ni frío ni calor.

Si queremos salvar la vida, no hay más remedio que perderla o

confinarse en casa, medida excepcional que ya conocemos. ¡Cuánta

salud mental perdida en el año de la pandemia!

La pregunta que cabe hacerse ya con seriedad sería: Si vivimos

gracia a la química, ¿Seremos nosotros mismos un elemento químico?

En torno a esta transcendental pregunta se nos ha ocurrido averiguar:

¿Cómo el ser humano genera su propia electricidad?

También gracias a la química.

Cada neurona, de los miles de millones que poseemos, es similar a

una bomba de calor, una bomba de sodio-potasio, en donde el potasio

tiende al interior y el sodio al exterior. Cualquier estímulo sensorial abre

canales de sodio que cambian los polos de la neurona e inician el flujo

nervioso.

Aquí no hay casualidad, sino que todo está pensado de antemano y

muy bien pensado.

Las leyes científicas no las inventan los científicos, ellos, las

descubren que ya es mucho.

Las leyes que aprueban los parlamentos, todos admiten que las

redactan y aprueban los parlamentarios, pero cuando se trata de la

ciencia, encontramos que la legislación matemática que, rige el cosmos,

nadie se atreve a decir que las pensó un Legislador.

Una persona es el objeto más complejo que conocemos, y lo más

complejo está en que no nos queremos reconocer como objetos, sino que

todos defienden los derechos propios de un sujeto libre.


Este es el problema. Nosotros no somos nuestros órganos ni siquiera

nuestro cerebro. Puedo ver una neuroimagen de mi cerebro, pero desde

luego no soy eso. Mi historia como persona no es la historia de mi

cerebro.



Me encanta la IA porque se adapta a mis preguntas y me sigue la

corriente. Me pongo a chatear y le pregunto por Brawardine y su doctrina

de los números y me la sitúa en su contexto.

Me atrevo a preguntar si le parece bien la independencia de Nueva

Caledonia. Me responde amablemente que no está hecha para juzgar sino

para informar.

No distingue el bien del mal, no tiene juicio, no puede decidir si me

conviene la playa o el campo.

En resumen, es un gigantesco almacén del que no se ven las paredes.

Puedo amarlo como amo a mi afeitadora eléctrica, pero ella no me

puede amar pues es sólo un objeto.

Qué grande es ser un sujeto libre, o por lo menos, un poco libre.

Los drusos en el enjambre de Oriente Medio

 Artículo publicado en Ideal, julio de 2021

Para entender el rompecabezas que representa el actual y

eterno conflicto de todos contra todos, hay que ir por partes,

encajarlas en el todo.

Pensemos que en otros siglos existía una estructura

política, el Imperio, derivada de la fórmula romana. El sentido

de ese modelo de convivencia es que abarcaba en un solo

estado múltiples etnias, religiones e ideologías. Este sistema

funcionó bastante bien hasta el final de la segunda guerra

mundial.

Los imperios: español, francés, británico, austro-húngaro,

desempeñaban este papel. Especialmente, para nuestro tema,

el Imperio otomano, que tomó el relevo del Imperio bizantino,

su territorio y alguna de sus instituciones.

Los imperios están pensados a lo grande con afán

expansionista, pero a la vez, protegiendo la identidad de las

pequeñas etnias, religiones y culturas.

Actualmente los drusos son cerca de dos millones de

personas que mantienen creencias de origen islámico, pero

con muchas peculiaridades de todo tipo. Tienen sus propias

Escrituras, una interpretación alegórica del Corán y una gran

cohesión interna.





El ejército de Israel, que se pasea por Siria como en

territorio propio, ha bombardeado Damasco, para controlar el

confuso nuevo gobierno sirio y para defender a los drusos, que

como es propio de su idiosincrasia, quieren mantener su

personalidad frente a los demás grupos.

Una concepción mecánica de la geopolítica, nos diría que

estamos sufriendo todavía el efecto de la disolución de los

grandes imperios, en este caso, el otomano, pero también el

austro-húngaro que ha determinado las guerras de los

Balcanes, el ruso que decayó con el hundimiento de la URRS y

la caída del Muro de Berlín.


En todos estos casos, se habla de “estados fallidos” y la

etiqueta es muy precisa en todas las estructuras políticas que

van desde la frontera turca hasta la frontera de Israel,

incluyendo el Kurdistán en el Norte de Irak.

Los rusos y los chinos siguen creyendo en la fórmula

imperial que se basa en una fuerza militar y policial que quiere

salvar formalmente las diversidades, pero lo consigue con

dificultad, en ambos casos.

En el resto del mundo las pequeñas identidades nacionales

se agrupan en organizaciones como la Unión Europea, pero

carecen de verdadera decisión política y se sienten

presionados por las migraciones que, en gran parte, tienen su

origen en el reciclaje de los pueblos que no pueden ser

integrados en los estados fallidos y que tampoco son recibidos

de buen grado en los paraísos de destino.

Los drusos, los alauitas, las milicias chiitas, los gazapíes o

palestinos son las virutas, los efectos colaterales de las dos

guerras mundiales y de la caótica disolución de aquellos

imperios.

Recomponer los imperios, no es pensable. Los Estados

Unidos en el actual aislacionismo de Trump, funciona más

como un estado-nación que como Imperio. Los sucesores del

Imperio español avanzan, igual que otros pueblos migrantes,

huyendo de sus estados fallidos con la pretensión de saltar Río

Grande.

Los informes científicos, con una masa de cifras

estadísticas indigeribles sobre la situación mundial en todos

los aspectos de la vida, desde el cambio climático al balance

entre demografía descendente en el primer mundo y de

ascendente especialmente en África, producen un ánimo

deprimido que no es el mejor estímulo para resolver los

problemas.

Esas cifras, como los informes de bajas en las guerras, no

tienen en cuenta el valor fundamental de cada ser humano, su

talento y su capacidad de cambiar las cosas.

Ahora vemos como la mera información, la más ordenada y

categorizada, como la IA, acumula una carga insoportable

sobre nuestras espaldas. Ante ella, sólo la invención, la

iniciativa y la libertad, permite ver el mundo con esperanza.

domingo, 6 de julio de 2025

Guerras perdidas

 

Artículo publicado en Ideal, junio 2025


Las guerras no debieran comenzar nunca porque son una

contradicción dentro de la propia especie humana. Demuestran, más aún

con la técnica, que la especie humana puede destruirse.

Si, a pesar de todo es necesario iniciarlas, deben ganarse. Lo que

Perogrullo no admite es empezar una guerra que se sabe no se puede

ganar.




Aquellas “operaciones especiales” que ponen en jaque la integridad

territorial o cultural de una nación, sólo se pueden ganar si, por vía de

exterminio, se consigue hacer desaparecer tal nación.

Nuestra Guerra de la Independencia es una prueba. No importa la

superioridad numérica o militar del invasor. Este hecho está en razón

directa del espíritu del invadido, que carga en sus maletas una historia,

una civilización y una cultura.

Las guerras en el presente tratan de ahorrar vidas humanas,

poniendo el acento en la guerra híbrida, en los ataques masivos con

drones y misiles balísticos. No siempre se consiguen resultados. Fuentes

de la propia Rusia, elevan a dos millones de muertos entre rusos y

ucranianos. La nación invadida suele echar mano de guerrillas, al estilo

del Mossad israelí. Así los ucranianos atacaron y destruyeron cuarenta

bombarderos rusos situados a miles de Kms. Esto suele ocurrir cuando

hay una gran desproporción entre el invasor y el invadido. Sucedió en

España, en Viet-Nam, en Afganistán, en la Yugoeslavia de Tito frente a los

nazis.

Un caso que da mucho que pensar es la situación bélica en Oriente

Medio.

Más de año y medio masacrando infraestructuras y población por vía

de bombardeos y de hambre, pienso sencillamente que Israel no ha

conseguido un control efectivo de la franja de Gaza.

Sigue habiendo un Gobierno, unos Ministerios, unos negociadores,

unas milicias armadas y más de cincuenta mil muertos y cientos de miles

de heridos y desplazados.

La guerra se desvía hacia el Norte, con bombardeos masivos en el

Sur del Líbano, en Siria (Damasco) y esta semana en el propio Irán.

Tal vez los israelíes estén dando palos de ciego, aunque son muy

precisos en eliminar personas, pero puede que una ola de frivolidad

empuje desde Washington a “mayores empresas”.



Ganar una guerra exige ocupar el territorio y quedarse. Este es el

problema: la idiosincrasia de la población, en este caso el islamismo, la

historia y la etnia.

Se dice pronto desalojar Gaza y construir una Costa Azul de casinos y

hoteles.

Ni la guerra de Ucrania se acaba en una hora ni la invasión del Irán:

Restaurar al hijo y sucesor del Sha, Reza Pahlevi, es más un problema

que una solución.

La raíz étnica, cultural y religiosa en toda el área, le hace impermeable

a la democracia occidental. Cuántas veces se intentó, se fracasó.

Estamos hablando no sólo de personas sino sobre todo de tribus.

Queda en pie el supremo argumento de la supervivencia de Israel en

un territorio tan estrecho desde el Jordán al mar. Problema paralelo el de

la Gaza de Hamas.

Dicen los hebreos que la población de Gaza son todos terroristas.

También lo fue el Vietcong, y en la opinión de Trump todos los

emigrantes, los universitarios y los periodistas.

Tendencia peligrosa que nos acerca mano a mano al contubernio

judeo-masónico y la máquina del fango.

La vieja sentencia “Si amas la paz, prepárate para la guerra” funcionó

en la guerra fría por miedo a la guerra nuclear. Hoy, una sola bomba de

reducido tamaño, lanzada desde cualquier punto del espacio geopolítico,

hará desaparecer los Santos Lugares.

La fe y el espíritu no ofrecen diana a tal barbarie.

martes, 3 de junio de 2025

Incertidumbre

 Artículo publicado en el periódico Ideal, junio 2025

La incertidumbre es la situación contrapuesta a la información. Se presenta transversalmente desde fenómenos sociales como la política, la física cuántica, la informática, la medicina, la psiquiatría y la Bolsa.




Decimos que “todo está patas arriba” como si la incertidumbre fuera un fenómeno extraterrestre, pero es más bien el condimento que acompaña a la vida humana.

Si fuéramos realmente “objetivos”, la suma de todas las incertidumbres nos anonadaría. Por eso se inventó la familia, en primer lugar, porque el padre y la madre protegen a la prole con un cariño que despeja toda ansiedad virtual.

Aquí se comprueba el lazo entre desamor y ansiedad.

Cuando, quien era nuestro guardián “se quita de en medio”, los niños sufren lo que sus padres se esmeran en ocultar.

Las grandes familias con muchos hijos e hijas, primos y primas que han creado un modo de habitat, a la vez, independiente y común, consiguen más salud mental de la que postula la O.M.S.

La escuela después de unos días de lágrimas por no conocer con que monitores, maestros y amigos se va el niño a encontrar, va gradualmente cobrando confianza con la “seño” y luego el profesor. La escuela es un mundo distinto de la familia y una de sus finalidades es la de ir informando, años tras año de cómo es el mundo y el hombre que lo habita, cómo es su país, su geografía y su historia.

En la medida que el niño aprende, adquiere fuentes de información y consigue ser diestro en la realidad virtual, la información disuelve la incertidumbre.

La ansiedad alcanza su pico, en la “Selectividad” pero pasa rápida y da lugar a la aventura universitaria.

La aventura, en general y normalmente deja en boca un sabor dulce y salado pues es una forma de socialización, muy distinta a la familia y la escuela. En la Universidad se decanta el destino de cada uno y cada una y se acaba por vencer la gran incertidumbre “¿Qué será de mí?”

En las universidades se han engendrado todas las revoluciones políticas y culturales de los dos últimos siglos y, aunque en otros contextos, en todas las universidades se alzan movimientos desde que existen.

Los dos primeros cursos son cruciales, porque la juventud y las hormonas no permiten ver siempre el objetivo final de una carrera que es un servicio a los demás por medio de la profesión.

En esa franja de edad y estudios, los chicos y las chicas se sienten cómodos con la incertidumbre y los más inquietos ensayan el liderazgo.

La familia protectora va retirándose y cuando la persona encuentra trabajo, aparece otra modulación de familia en que aquellos que fueron protegidos pasan a protectores y las incertidumbres pasan a los hijos.

Sin duda que un esquema tan simple, corresponde más bien a la sociedad de hace cincuenta años y en un país del Sur.

La diferencia con la actualidad es que ahora las incertidumbres se multiplican por cien: la identidad, el puesto de trabajo, la vivienda y la facilidad por escapar del compromiso y de la estabilidad.



Esa ruptura con las instituciones, aspirando a una libertad sin compromiso es siempre una huida hacia adelante. No hay sociedad que sobreviva a la ausencia de compromiso.

Hay personajes con el mayor poder del mundo que representan el califato de la incertidumbre porque disfrutan, a ojos vista, con derrumbar todos los valores -entre ellos las universidades- sin admitir límites. Su falta de formación y moral les permite querer vender a la vieja Europa, una burra ciega, cosa que hacían mejor, los mercaderes de antaño.