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Vela Zanetti,El Cid. "Qué buen vasallo si tuviera buen Señor" |
A nadie le gusta, al parecer, servir pero a la mayoría les
gusta que les sirvan y que lo hagan bien. Este querer ser servido, por demás, anuncia que algo de bueno tiene el servir
puesto que tantos apetecen el buen servicio. A la vez, algo de malo tiene el
servir que repugna a la mayoría. Entre ellos, a los que les gusta ser servidos.
Los avances materiales de la sociedad moderna desde las
dos grandes guerras del siglo XX,
produjeron una mayor conciencia de igualdad, una disminución de los escalones
sociales y la menor dificultad para saltar de abajo a arriba y también de
arriba abajo.
Esto se denomina democracia que no es lo mismo que paridad.
Si la apertura de oportunidades es conforme con la dignidad humana, no entiendo
por qué hay que dar un plus o cuota de favor por imperativo legal…

No basta decirlo o predicarlo sino que es necesario
argumentarlo.
El trabajo es una exigencia de la naturaleza humana. La materia
se resiste a nuestra voluntad. Hay que trabajarla para transformarla. Esto vale
para todas las profesiones, que es el nombre moderno de los servidores de
antaño.
Como profesionales, todos servimos y cualquier trabajo
vocacional alegra la vida del hombre, de la mujer y alarga la vida de ambos. La
jubilación es una broma pesada, para los vocacionales aunque para otros, una liberación. Lo ideal es gozar de una profesión que te permita trabajar
hasta un minuto antes del inevitable deceso.
¿Qué pensar, en estas fechas, del servicio público y más en
concreto, de la profesión política en democracia?
Las corruptelas, las irregularidades, la corrupción y el enriquecimiento
personal, dejémoslos al margen de estas consideraciones que quieren ser
positivas aunque no ciegas.
Un profesional de la política exige muchas virtudes que no
se aprenden en la universidad sino, como quien dice, “sobre la marcha”.
Saber idiomas, tener estudios superiores, haber viajado por
el extranjero, añaden puntos.

En democracia, el asunto no es tanto servir y ser servido
que se deja para otras instancias sino tener la alegría de que las razones del
programa convencen a muchos y que por lo tanto, el programa es comprendido como
un proyecto útil, deseable y factible.
La política real es bastante más complicada que estas reflexiones
que siendo válidas, no resuelven los embrollos en los que el político se
encuentra.
Al fin y al cabo es una persona, con sentimientos, corazón,
razón y sentido común (se supone). Tiene una conciencia moral una idea del bien
y del mal. Aunque esos caracteres no figuren en un programa, el
político los debe llevar puestos. Sin ellos la democracia es, nada más que una
máquina de comprar poder. Esto les plantea a los que se dedican a la política, serios
problemas.
La demanda de los ciudadanos no siempre coincide con las
necesidades objetivas del Estado, en un
momento concreto. Lo que se llama “bien común” no siempre es visto por la
población como tal. Lo necesario y lo accidental, tampoco.
Así el político que ya alcanzó el poder, se encuentra con múltiples
conflictos. La ideología, la seguridad, el bienestar social, la justicia, el
contexto internacional, el mercado global y muchas cosas más.
En un programa electoral, trazado en una sala de juntas o en
una asamblea, en la que todos quieren la perfección ideal, no caben los
imprevistos, ni lo imposible, ni las necesidades reales que la mayoría no
conoce.
El que detenta el poder democráticamente, no representa a
los que le han votado sino a todos los ciudadanos y debe buscar defender los
intereses de su patria, que no son, sólo económicos.

Tenemos el caso de Francia, en donde un socialista recorta,
más y mejor que nadie. En Grecia, donde lo que dice el programa de Syriza y su
política, no tienen nada que ver. En este asunto la intransigencia absoluta en
nombre de los grandes ideales, recoge males mayores. Pienso en Vladimir Putin
que es un fiel heredero de sus antecesores hasta Pedro el Grande. La intransigencia
política lleva a la guerra directamente como también podemos ver en Oriente
Medio.
Es
mejor conformarse con lo posible y factible, más cercano a nuestra conciencia,
porque lo imposible es mucho peor.