domingo, 17 de septiembre de 2017

Para el Buen Amor de larga duración

 Artículo publicado e el periódico Ideal, 15 de septiembre de 2017


Un matrimonio de larga duración aunque no infrecuente, es estadísticamente, difícil.
Sea  porque la sociedad está debilitada  por la prosperidad y seguridad de la mayoría, los jóvenes no ven en el matrimonio una meta deseable sino una carrera de obstáculos. La crisis económica, la secularización de las costumbres, la precariedad e insuficiencia de los salarios, no favorecen un matrimonio estable y menos con hijos.
Es más fácil crearse una burbuja individual con cierta comodidad y sin compromisos explícitos.
Estos factores que son reales y que influyen en ellos y ellas, caen en un terreno donde no se sabe lo que es el amor y sí el deseo y la autosatisfacción.
 Por eso, cuando se enteran que llevo cincuenta años de matrimonio, me indican que diga cómo se ha hecho tan peligrosa aventura. Aunque en los escritos no cae bien que uno hable de sí mismo, valga por una vez que sugiera unas indicaciones que a mí y a mi mujer, Mª Ángeles, nos parece que pueden ayudar a algunos.

Para casarse con probabilidades de éxito conviene:


1.    Querer casarse. Tener ganas, necesidad de hacerlo porque lo que no se necesita no es natural que perdure. Hay que sentir necesidad de hacerlo.
 
2.    Un matrimonio se realiza para pasarlo bien. A sabiendas de que si no se siguen las reglas del
             juego, se pasará mal.

3.    Entre casarse para pasarlo bien y pasarlo bien casados hay  una gran   diferencia. En éste caso, se comparte la felicidad,  en el primero, uno y otro sólo piensan en sí mismos y esta  situación es de corta duración.

4.    Encontrarse bien juntos. Parece una banalidad pero creo que cuando, él y ella, se encuentran bien juntos durante varios meses, eso tiene buen perfil.

5.     No faltarse al respeto. No es sólo educación. Faltar al respeto implica una devaluación del otro/otra

6.    Las diferencias hombre-mujer, son además de morfológicas, psicológicas y cerebrales. Iguales como personas, genética y neuralmente distintos. La mujer tiene mayor sensibilidad, intuición y desarrollo en el área del lenguaje.  El varón tiende a la visión global y prescinde de detalles. Si se quieren, la paciencia triunfará.

 
7. Pedir perdón en cualquier caso. Se tenga o no se tenga razón. Querer siempre tener razón es de mal pronóstico.

8. Admirar cada uno los valores del otro. No importa que sean personas muy distintas. Ella lo admira por algo y él reconoce que ella tiene unos valores del que tal vez, pueda carecer.

9.  Quererse, desde el principio, con los defectos y limitaciones. Seguir queriéndose cuando sobrevengan nuevas contrariedades.

10. No tener mucho patrimonio ninguno de los dos. La riqueza es un rival porque concede gran autonomía.

11. Luchar ambos por superar las adicciones y prejuicios. No empeñarse en que el otro piense como yo.

12. Convergencia en las cuestiones fundamentales de la vida: bien /mal, valoración del trabajo, educación de los hijos.

13. Coincidir en la religión o por lo menos respetar la del otro. Huir del estatus de “creyente y no practicante. Es una incoherencia.

14. Tener doble vida,  rompe el matrimonio. La coherencia muestra que el otro es de fiar.

15. No hacer de la política una religión

16. No convertir al otro en un objeto sexual. Respetar los tiempos.
 
17. Querer tener hijos. Los hijos no son un apéndice de la familia: son la familia.

 
18. Olvidarse de la vida de soltero / o soltera. La libertad nunca es para todo. Es para esto o aquello.

19. No temer a una vida sexual plena

20. No gastar más de lo que se ingrese. Es de sentido común pero está en la base de todas las crisis.

21. Cada uno sirva al otro en lo que sepa hacer. Es irracional una división del trabajo al 50%. Él puede cocinar mejor, ella puede ser una maestra en bricolaje. El sexo no determina la costura.

22. A las verdes y a las maduras

23. No aceptar de raíz ningún tipo de maltrato físico o psicológico. Se pide perdón y vuelta a la sensatez.

24. No ser perfeccionista.

25.  Adaptarse a las circunstancias con alegría


Estas anotaciones vienen de la experiencia personal y pueden ayudar a quienes después de diez años de matrimonio y con varios hijos, piensan en “rehacer su vida” como el que cambia de automóvil o renueva su ropa,” pasada de moda” o “porque no aguanto más”.
Tomar el matrimonio como un campo de reivindicaciones supone no querer al otro como a uno mismo y no apreciar la felicidad propia y la de los hijos. Hay que procurar pensar en los demás.
Hay casos mayores que impiden la convivencia pero algunos de ellos empiezan siendo casos menores, un “pique”, una pequeña ironía, una acumulación progresiva a través de los años.
Somos imperfectos y el saber pedir perdón, dar marcha atrás y rectificar crea la atmósfera de una convivencia no contaminada.
El concepto individualista de la libertad es un error que recae no sólo en el que lo tiene sino en la especie considerada biológicamente. El instinto de conservación necesita equilibrarse con el social. Esto reclama del individuo alguna renuncia y de la sociedad crear el marco adecuado para el desarrollo familiar.
La excepción subraya la regla, no la sustituye.

El matrimonio dura si el quererse y necesitarse viene acompañado del sentido común. El surrealismo vivido es un derrotero infeliz

jueves, 31 de agosto de 2017

¿Puede y debe el hombre hacerse a sí mismo por ingeniería genética?

Artículo publicado en el periódico Ideal el 30 de agosto de 2017

Los avances tecnológicos, en el campo de la manipulación genética, nos producen admiración y entusiasmo a la vez que representan un desafío a nuestra capacidad moral de decisión libre.
A nadie se le oculta que conseguir mediante la simple inyección de un gen sano, corregir enfermedades terribles, incurables y degenerativas es un objetivo que puede y debe estar en la mente de cualquier investigador o equipo y sin duda en la de los consorcios y corporaciones farmacéuticas que las financian.
Si la moral  tuviera como único tema la obtención de fines, sería una maravillosa actividad lindante con la poesía que según Aristóteles, está muy cercana a la ciencia. Ambas facultades de la mente humana, hablan de posibilidades.
La moral y por supuesto, su objetivación ética, tienen su mayor calvario, no en los fines sino en los medios.
A todos nos interesa vivir siempre, en plena forma física y mental. Lo difícil es como conseguirlo.
Hace pocos años, pensar en un trasplante doble de pulmón parecía imposible. Ahora se hacen todos los días y a nadie se nos ocurre poner objeciones morales. Si tal progreso da ocasión al tráfico de órganos es un “daño colateral” que no culpabiliza a nadie más que a los traficantes.
Lamentablemente la manipulación genética es otra cosa.
Primero: Hay qué ver que entendemos por embrión y que respeto nos merece.
Segundo. Hay que ver si una persona, un equipo o un estado pueden decidir lo que es bueno y justo y
lo que no.
Tercero. Se debe aclarar si el consenso alcanza al bien, al mal y a la vida.
Cuarto. Se debe establecer si la decisión moral tiene como titular a la conciencia individual o a un colectivo o un funcionario.
Quinto. Presuponiendo la buena voluntad de todos, hay que dilucidar si la manipulación genética tiene algo que ver con los Derechos Humanos.  
Sexto Hay que considerar la moralidad de la fabricación genética de niños de diseño (eugenesia)
Podríamos seguir indefinidamente.
A mi parecer, el tema fundamental es quién es el titular o “propietario” de su conciencia. Podemos verlo en dos direcciones:
1)En las decisiones personales que afectan al libre desarrollo de la vida ordinaria. Será imprescindible determinar el titular que decida-en el caso de que se encuentre y además pueda hacerlo- el destino de la Humanidad. Como es verosímil, las Naciones Unidas, las grandes organizaciones, las Ongs, las multinacionales etc.
2) La manipulación genética (en lo positivo y en lo negativo) incide no sólo en el embrión corregido sino en el futuro de la humanidad, de las generaciones que vendrán. No es lo mismo una Humanidad que se confía en lo que le proporciona la Naturaleza -o Dios- y una Humanidad en donde todo está previsto, todo sea tecnológicamente mejorable.
¿Quién será responsable de decidir por la Humanidad y de poner límites a un futuro en donde, probablemente, la autosuficiencia personal y colectiva, potencie los conflictos que nacen de la soberbia y de la voluntad de poder?
No encuentro ese titular responsable.
A no ser que demos a la democracia un sentido metafísico y transcendental: qué el titular sea la mitad +1. En otros términos quizá menos remilgados, determinemos lo bueno y lo malo a peso o por  encuestas. 
Todos sabemos ya, de sobras, como funciona la democracia y que las Asambleas son un mercado de intereses en donde el poder y el dinero son los que priman.
¿Cabe pensar en un consenso mundial, en una entidad colectiva permanente  a quién le demos toda nuestra confianza y que nos aclare en cada caso lo que debemos hacer?
La moral, sea cristiana o laica tiene un elemento esencial de autonomía por el que la persona se da a sí misma la norma o bien,  acepta libremente la que viene de fuera.  Al asumirla, la norma pasa a ser autónoma.
Los sistemas comunistas son el resultado de la evolución de un régimen asambleario anterior. Este último por su dinámica interna necesita una élite de doctos, los intelectuales orgánicos, que establecen un principio de orden o jerarquía. Ese órgano deriva en un comité del que resulta un líder que con el tiempo pasa de carismático a dictador. Todos lo dan por aceptable. Anclados en el carisma pasan por alto la dictadura.
Si estos mecanismos se quedan retenidos en sus primeras fases, el sistema se disuelve.
Esta sería la descripción de lo que ocurrió en Rusia hace cien años, luego en Cuba, en Camboya. Una revolución para triunfar necesita de la unidad y hasta de la uniformidad para consolidarse.
La II República en España es un modelo de lo que no se debe hacer si se quiere ganar una guerra o gobernar monolíticamente un país. Venezuela, en mi opinión, está rozando esa disyuntiva.
No vamos a encontrar autoridad moral en una Europa laicista, en donde las macro-estructuras
políticas y económicas eluden toda responsabilidad moral sobre unas cuantas cuestiones entre las que hoy destaca la miserable condición de los refugiados.
Al calor de los problemas que genera la ingeniería genética y social, el ser humano añora una autoridad moral que nos sugiera lo bueno y lo malo para que lo asumamos libremente con todas sus consecuencias.
¿Acaso la producción industrial de niños nos deja indiferentes? ¿Asistiremos a un conflicto futuro entre la conciencia y el progreso científico?
En su resolución, nos jugamos la libertad.

El progreso tecnológico sin un criterio moral desemboca en un automatismo robótico.


jueves, 17 de agosto de 2017

La familia y la supervivencia de Europa

Desde los antiguos egipcios, 3000 años a. C., el afán de inmortalidad se materializa  primero en piedra, luego, cerámica, en papiros o en papel. 10.000 años antes de nuestra era, no había civilización, o sea cultura de ciudad,  sólo campos y ganado, propios del Neolítico. También fósiles, huesos petrificados que más tarde, alegrarán la vida  a los científicos.
Antes de inventarse la escritura antes de cualquier signo inscrito en piedra, el afán de inmortalidad pasaba de padres a hijos, de ancestros a nietos, por transmisión oral. Si todo ser vivo tiene en su ADN la memoria del pasado y el programa del futuro, los humanos, además, necesitan un código cultural que no se limita al azar de seguir respirando, seguir comiendo, bebiendo y holgando. Necesitamos transmitir vida, no sólo biológica sino sobre todo, espiritual. Es ley de vida.
Todo es cuestión de memoria que en muchos planos se confunde con la vida misma. Ningún chimpancé nos dejó su diario porque no concede importancia a lo que puedan pensar sus hermanos de su rutina diaria: comer, beber, rascarse, siempre igual, siempre repitiendo los mismos ciclos.


Los seres humanos no nos conformamos con eso. La satisfacción de nuestras necesidades primarias no tiene como fin último, quedarse en ellas.
Esas migraciones actuales, tan semejantes a las prehistóricas, en donde millones de hombres y mujeres, de niños y niñas caminan miles de kilómetros en busca de pan y algo, siempre tienen la esperanza de que después de haber satisfecho esos mínimos que exige su metabolismo podrán, subir más alto, tener papeles no para tener papeles sino para tener residencia y trabajo. Y esto, para empezar.
Sus hijos podrían tener una enseñanza adecuada e ir a la universidad,: tener el nivel humano del europeo medio y del norteamericano medio, pero sólo para ir más lejos y más rápido.
Los medios de comunicación que por un mismo azar o hechizo están en todas partes, los móviles que están en los bolsillos, incluso de los muchachos de Corea del Norte, de Somalia,  les muestran un
mundo de infinitas posibilidades que sólo están al alcance de su vista y de su oído pero no de sus personas.
Es interesante conocer la opinión de Karl Marx, si pudiera comprobar que los niños hambrientos que forman parte con sus padres, del “ejército de reserva”, es decir, en espera de un puesto de trabajo, tienen su móvil, precisamente gracias a que cobran el paro.
Precisamos con urgencia una política familiar, no sólo económica sino sobre todo cultural. El individualismo es el virus más grave para la sociedad de cualquier cultura porque la sociabilidad forma parte de nuestro código genético.
El afán de supervivencia es la ley suprema de toda  realidad. La economía no está excluida del cumplimiento de esa ley y los juegos del capital y trabajo las oscilaciones de la oferta y la demanda acaban siempre en nuevos motivos de adaptación
A pesar de los profetas de calamidades, los que viven bien cada vez viven mejor y los que malviven tienen una esperanza de vivir por lo menos, como los pobres del mundo desarrollado.

En ese paraíso imaginado, muy pronto se pierde el gusto por la vida. Así ocurre en los países más ricos y cultos.
En España, la tasa de asesinatos por violencia de género alcanza una cifra cercana a 60 personas. Los asesinos, especialmente los yihadistas, prefieren morir matando. El número de muertos en accidentes de tráfico, por ir los conductores “colocados”, se cuentan por miles y la tasa de suicidios en gente joven es la primera causa de mortalidad en esa edad.
Ahí queda clara la diferencia de sexos. Las mujeres, en general, están hechas para reservarse, para conservar y reproducir y los varones instintivamente están hechos para arriesgar y en ocasiones, insatisfechos de sus vidas para hacer mutis por el foro. Es una cuestión entre moral y hormonal.
Podemos extraer una enseñanza de todo ese listado oscuro:  el instinto de  supervivencia de la especie, es mucho más poderoso que la de los individuos. Esto sucede, de modo parecido en los animales aunque no circulen por autopistas.
En los humanos, si el individuo está inserto en su ecosistema social y natural, la supervivencia es mayor. Un ser humano acogido en una familia, en una tribu, en  un clan o en un estado no tiene en general muchas ganas de morirse. Las excepciones que todos conocemos confirman la regla. Si aquellas tienden a ser más numerosas que las regularidades, podemos pensar que estamos ante una especie en peligro de extinción.
Las políticas de los estados procuran fomentar el individualismo y el relativismo, apoyándose en ideologías como la de género, Al mismo tiempo quieren frenar las migraciones. ¿Es razonable, biológica y socialmente hablando, un país poblado por hombres y mujeres sólos y solitarios? ¿Es pensable una civilización narcisista en donde los individuos tienen “libertad de golosina” (sexo, droga- y el Estado retiene la verdadera libertad y el  poder absoluto?
Si queremos que Europa y su cultura sobrevivan, habrá que sustituir la lista de suicidios por las  actas de nacimiento como se espera del  buen amor.


viernes, 21 de julio de 2017

Lutero en perspectiva

Artículo publicado en el periódico Ideal de Granada, 16 de julio de 2017

Es reciente el acuerdo entre católicos y protestantes, por el cual ambos grupos cristianos confirman su unidad respecto de la doctrina clave sobre la justificación por la fe. El Papa Francisco en una catequesis afirmó   que la doctrina de Lutero, bien entendida, es verdadera.
Cinco siglos después, es tiempo suficiente para poner las cosas en su sitio y analizar con serenidad qué ocurrió en 1517 para que Europa se dividiera  en dos bloques irreconciliables hasta el Tratado de Westfalia en 1648.

Conviene recordar que Lutero era un fraile agustino muy observante. Precisamente por ello, intentó recabar de Roma, la reforma de algunos conventos de su Orden. Para conseguirlo, hizo un viaje a la Roma del  Renacimiento.
Los papas de la época, Julio II, Alejandro VI, y en este caso, León X, estaban entregados a la labor de defender el territorio de los Estados pontificios y dedicar grandes sumas para construir la basílica de San Pedro y adquirir   obras de arte que hoy en día podemos contemplar.
En otro orden de cosas, tampoco eran modelos en su vida privada.
Era la época de los grandes descubrimientos e inventos: América, la imprenta, la brújula. En las repúblicas italianas de Venecia, Florencia, Génova, creció la prosperidad económica gracias al comercio como también ocurrió algo parecido los Países Bajos. El gusto por la vida, la añoranza del paganismo, la emancipación de la burguesía etc. hacían posible en Europa, un ambiente de libertad, de cultura y de crítica a los aspectos negativos de la Iglesia.
En esa misma línea, aparecen místicos y fundadores, Teresa de Jesús e Ignacio de Loyola. Este período en el que escribieron Santo Tomás Moro, Erasmo y Juan Luis Vives,  duró sólo, medio siglo.
Lutero y sus aspiraciones religiosas tenían, en principio, un origen   tardo-medieval. No era un personaje renacentista y se le enfrentaron los personajes que sí eran humanistas, como Erasmo, Tomás Moro y Enrique VIII,  en su primera época.
El Papa no aprobó la " pequeña" reforma que Lutero pretendía. Esta negativa  le hizo poner en tela de juicio a la misma Iglesia Católica.
En su Comentario a la carta de San Pablo a los romanos, subraya que la salvación del hombre no procede de sus buenas obras sino de su fe.
 A cinco siglos de distancia, vemos como los términos que se emplean en una y otra parte tienen un sentido y una intención que va variando con el tiempo. No porque alguien los tergiverse, como ocurre hoy en día sino que, con el paso del tiempo, van adquiriendo matices que se van acumulando y establecen un muro entre dos interlocutores que, empleando los mismos términos, les dan un sentido distinto. La política y la economía tienen que ver con estos cambios.
La doctrina correcta que hoy aceptan todos los  católicos, protestantes, y ortodoxos, es que nadie se salva por ser bueno, sino paradójicamente, por ser malos, puesto que todos somos pecadores.
Si nos salvamos a nosotros mismos por nuestras buenas obras, no podemos ser salvados por Jesucristo. La fe en Jesucristo, es la que salva y las buenas obras son una consecuencia de esa fe. Todo está en dar crédito a Dios que nos asegura el perdón.
 La doctrina de las indulgencias afirma que todo pecado conlleva una culpa que es borrada por los méritos de Jesucristo para siempre y una pena que debe pagarse en esta vida o en el purgatorio. La Iglesia tiene el poder conferido por Jesucristo, de perdonar no sólo de perdonar los pecados sino también de saldar total o parcialmente la pena.
La penitencia es en su esencia el cambio de vida con todo lo negativo que supone: A un estafador o un asesino en serie le va a costar cambiar de vida. Nosotros mismos cuando comenzamos y recomenzamos cada día, nos cuesta hacer lo que no querríamos hacer.
Las imágenes populares de los penitentes arrastrando cadenas o, en algunos lugares, dándose latigazos oscurecen la idea central: cambiar de vida, conversión.
En vista de los abusos y de la picaresca inevitable, Lutero recuerda que nadie se salva por sus obras si no recibe la gracia de la fe,  por la cual, estas obras valen para la justificación es decir,  para salvarse.
A partir de aquí,  se va enredando la madeja: se añaden intereses económicos y políticos como la expropiación o desamortización de los bienes de la Iglesia que eran ingentes.
La España de Carlos V encarnaba la doctrina católica, inmersos en   esa confusión entre política y religión. Los enemigos políticos de España, que eran casi todos, menos Francia, asumen el protestantismo como una ideología que consolidaba los nuevos reinos nacionales, centralizados.    Estos estados independientes no querían vincularse a la Iglesia y al Imperio.
   Holanda y los príncipes alemanes que, de un solo golpe, se liberaban de tutela imperial y eclesiástica. A la vez, se enriquecían con sus bienes.  
Las indulgencias, si no son un medio recaudatorio son una participación en los méritos de Jesucristo, único Salvador. La Iglesia los administra, por el poder de las llaves.
Aquellos “buleros” que atravesaban Alemania en sus mulas no sabían que su recaudación estaba asentando la nueva Europa.



miércoles, 8 de marzo de 2017

Cyberideología y fin de la historia


Artículo publicado en el peridódico ideal, marzo 2017

La tecnología no es más que ciencia aplicada. En este juego entre la teoría (que algunos dicen que no sirve para nada) y la práctica (que algunos confunden con el pragmatismo) se juega el futuro de los hombres de carne y hueso. Ese futuro o destino puede formularse así: ¿van a ser los programas informáticos y el jaguar que los acompaña, los sustitutos de lo que los antiguos llamaban “ alma?.

El alma es un término de origen religioso pero también filosófico. Todas las religiones tanto orientales como occidentales, piensan que en el hombre hay algo más que las apariencias visibles o que las entrañas también visibles con las técnicas de neuroimagen. El alma, en cambio, es invisible para cualquier dispositivo, como lo son los números y las ecuaciones.
La religión de los antepasados, los padres, está plenamente vigente en la mayor parte de los países orientales lo que conlleva un respeto por los ancianos. Los pueblos africanos de tipo animista también la practican con resultados positivos en el orden social.

Fundamentar la vida humana en los ancestros sólo tiene sentido si se considera que los antepasados siguen vivos en otro mundo. Esto nos lleva a pensar que tras  la muerte, hay un nacimiento a nueva vida de otras características distintas de las nuestras. El esquema es simple claro y orientador.

Es simple porque los más incultos lo entienden, es claro porque aclara el pasado y el porvenir y es orientador por qué presupone que los actos de esta vida temporal no se agotan en sí mismos, sino que es una historia sin término, con sentido. Los padres cuidan de los hijos y luego los hijos cuidan de los padres puesto que serán venerados cuando mueran: entrarán en el recinto de lo Santo.

El trans humanismo empieza a tomar cuerpo, como la ideología propia de nuestro tiempo. Toda ideología trata de legitimar las obras, los productos de una civilización. El fabricar una ideología siempre tiende a justificar la por sí misma sin ninguna referencia a una instancia moral. En el mejor de los casos en la ideología de la técnica, la ciber ideología podríamos extraer consecuencias éticas, es decir, un sistema de referencias para la organización social en la que está vigente.

Uno de los rasgos de la ideología es descansar en el presente, proyectarlo hacia el futuro. Presente y futuro, forman un todo, un pack, que no precisa de ulterior legitimación. Es el fin de la historia.
  El futuro al que  tiende la cyberideología, es una acumulación de progresos técnicos que prolongan nuestro presente feliz hacía un presente más feliz.

La ciencia y su tecnología, son un milagro y una lluvia de beneficios para la humanidad. Siempre supone un doble filo que viene exigido por la libertad. Con una impresora en 3D se puede hacer de todo, bueno y malo. Nos quedamos con lo bueno y tratamos de evitar lo malo. Lo que es bueno y lo que es malo ya no nos lo dice  la tecnología. No pretende la bondad si no la utilidad, se conforma con mejorar la vida humana hasta su término aparente.

La cyberideología intenta fundamentar la autosuficiencia del homo técnico. Como tal ideología no aportó ningún progreso añadido a la tecnología. Suma, eso sí, un abanico de errores, siendo el fundamental la eliminación de toda instancia moral superior al progreso tecnológico.

En el mercado libre del siglo XXI la demanda se prefabricada mediante estrategias de publicidad social. Y la oferta que emplea esas estrategias, consigue que el mercado se transforme en un régimen de monopolio: Se crea  en el consumidor virtual el deseo adictivo de lo que le voy a ofrecer.

Eso ya no tiene nada que ver con la tecnología sino con su ideología que  trata de hacer creer que el bienestar social es autosuficiente para dar sentido a la vida. La historia queda reducida entonces a progreso tecnológico cerrado sobre sí mismo.
El hombre es un simple consumidor y la humanidad ya no es un orden de personas sino una masa anónima e impersonal, una demanda global manipulada.

¿Cómo abrir la concha sin estropear la perla?  ¿Cómo conseguir que  la formación de los seres humanos se base en la libertad y no en el condicionamiento psicosocial?.

La reducción de lo bueno a producto útil ser cena la esencia misma de lo bueno.  
Insertar la utilidad en el marco más amplio de la bondad, es, en el terreno de la significación, el objetivo que nos permitiría impedir confundirnos con los robots que utilizamos y convencernos que el mundo virtual es más bello que el real.


Esto significa que la utilidad debe subordinarse a la gratuidad como explico Benedicto XVI en su primera encíclica “Cáritas est amor”

La codicia no se puede impedir por qué es una posibilidad inserta en el ser humano como uno de sus motores de doble filo. Se puede dignificar mediante una organización del trabajo que reparta el bienestar social como el precio justo del trabajo que lo crea.
El método clientelar, de alimentar un país de parados subsidiados, no es una ganancia social sino la creación de un ejército de reserva. A fin de cuentas, vivir del presupuesto que  se nutre delos impuestos de los trabajadores.
Es un nuevo modelo de lucha de clases, la dominante, los subsidiados,, la dominada, los trabajadores.

   

El conflicto entre el género y la especie.


                                                                                        Artículo publicado en el periódico Ideal, marzo 2017

La política de las palabras es la más importante porque sin ella, no es posible la democracia. Las palabras tienen su propio marco legal que se encuentra en la gramática y sobre todo en la ciencia que estudia el sentido de las palabras: la semántica.

Como la política, también se desenvuelve en gestos y guiños que tratan de mejorar las palabras, dándoles un sentido al gusto del vendedor, puede darse y será de hecho, el que en virtud de las intenciones previas y de los guiños correspondientes ciertos términos con el paso del tiempo y el cambio de las intenciones y de los significados, acaben diciendo, exactamente, lo contrario de lo que querían decir, 30 años atrás.

Lo sorprendente es que cuando se cambia el sentido del término por necesidades ideológicas, lo que antes era simplemente verdad aceptada por todos se convierte, de pronto, en banderín de enganche de una verdad absoluta que es defendida como el Santo Grial de los templarios.

El término “género” por imperativo de la revolución cultural y sus derivaciones, se convirtió en tema de debate científico en las universidades norteamericanas. El género, ya no era una categoría gramatical que reflejaba el sexo de una palabra sino algo mucho más complejo y filosófico: la opción libre de una persona sobre el sentido de ese término concreto.

En nuestra infancia, decíamos que había un género masculino, otro femenino, otro el neutro y aún otro llamado epiceno. “Buho”, pertenece indistintamente, a los dos géneros.

Había términos ambivalentes que por la presión de la rutina  que te han en el cerebro toda la vida: así decía el libro, “el puente y la puente, el color y la color, y algunos otros.

No se nos había ocurrido, todavía. a dónde podía llevar estas inocentes variables.

En tiempos no tan remotos, sabíamos que, en gramática, y en lógica, el género conjuntaba un número indeterminado de especies. De modo que las especies de un género, no podían pasar a ser especies de otro. Por ejemplo todas las especies del género animal, son animales y ni por amistad, se podía admitir que la especie de los pulpos que determina el género animal, pasase a ser una especie del género “motores de explosión interna”.. Y otros términos como el de igualdad, que tiene raíces históricas profundas, especialmente a partir de la Revolución francesa.

La libertad y la igualdad tienen un nivel distinto en nuestra jerarquía de valores. Siempre se ha considerado que la libertad, el poder de elegir o no elegir, de elegir esto o lo otro, es más deseable que la igualdad. A no ser que, rizando el rizo, postulemos que todos los iguales deben ser libres.

Desde la revolución norteamericana y su Constitución todos somos iguales, tenemos los mismos derechos y esto nos parece de sentido común. Si insertamos el concepto religioso de libertad, la igualdad de todos ante Dios, estamos de acuerdo en ello, aunque, al mismo tiempo, resulta que  estamos más convencidos todavía de que en la práctica, y de hecho,  somos desiguales y que esto, es un gran misterio.

Afirmamos rotundamente lo que decimos, pensamos y no practicamos, porque, iguales, iguales, sólo lo son los números de la tarjeta de Seguridad Social.

Hay una derivada de estos cambios que se le había ocurrido a muy poca gente: decir que el género no es genérico y que cada uno tiene el género que le venga en gana.  De modo que no hay dos géneros iguales y como ocurre también en la teología de Los Ángeles cada individuo, por su opción libre, se constituye en un género único: un género sin especies y que por tanto no admite determinación lógica.

La lógica y la semántica se les antoja algunos como materia prima que se puede manejar  caprichosamente y no pasa nada.


Afortunadamente, el ADN consigue que todo el mundo esté conforme con todo el mundo.  

Un concepto liberal del derecho consigue lo que no se le había ocurrido al fundador del homo sapiens: que la especie biológica se reproduzca  sin sexo ni género y no por un tipo de partenogénesis sino por procedimientos de laboratorio. Es curioso que el feminismo consiga que haya madres  sin  macho o macho sin madre y que una persona pueda tener varias madres y, aún más frecuente varios padres.

Sólo el ADN aclara las cosas y gracias a él, podemos saber quién fue mi progenitor que no es lo mismo que mi padre porque muchos progenitores no hacen un padre ni muchos padres consiguen hacer necesariamente una madre.

Sobre el papel, estas cosas no hacen daño pero en la realidad fáctica genera una inseguridad e incertidumbre que dura toda la vida de la víctima y que dicen los economistas que es malo para los negocios.

Como efecto de la costumbre y de  la adopción de un sentido de la libertad como real gana del instinto, sentimos la imperiosa necesidad, de hacer que los círculos sean cuadrados y que los animales domésticos como cualquier hijo de vecino, tengan sus derechos civiles puesto que son criaturas de Dios y gozan de una igualdad, a la que tienen derecho