miércoles, 13 de junio de 2018

Examinando la complejidad política

Artículo publicado por el periódico Ideal de Granada el 12 de junio de 2018

El mejor ejemplo de complejidad es la previsión del tiempo que con los datos del Meteosat y los cálculos estadísticos, nos anticipan el tiempo a corto plazo. Con tantos medios técnicos y tanto análisis es difícil equivocarse porque literalmente como se dice “las ves venir”.
Se llama “complejo” en física aquel objeto de investigación que tiene muchas variables y obliga a manejar matemáticas de grandes números. Gracias a las computadoras se facilitan cálculos, antes imposibles.
En la vida corriente y en la política, decimos que estamos ante situaciones muy complejas. Esta expresión tiene dos sentidos, uno cuando decimos de un problema que no entendemos que es muy “complejo”. Con esa expresión por un lado nos hacemos los listos porque hace falta ser muy listo, para tratar de asuntos complejos y por otro,  justificamos que no sabemos resolverlos.
La exégesis bíblica ha seguido el modelo de los idealistas alemanes, la mayor parte de ellos teólogos protestantes y del renovador de la crítica liberal de las Escrituras, Schleiermacher.
A partir de aquí nace la interpretación materialista de Carlos Marx. Como se ve entre religión, historia y política hay estrechos lazos, bastante inevitables, si pensamos que el ser humano es un centro en donde converge esas actividades y otras muchas.
La información, las computadoras y la estadística se puede aplicar para anticipar tendencias en la economía, la política, etc.
Pero un buen día sale lo imprevisto que no es lo mismo que lo imprevisible. Lo imprevisto lo es para los que no tuvieron información. Para los que la tenían, lo sorprendente era perfectamente previsible.
Muy compleja es la política porque la hacen personas de carne  y hueso que nos decimos libres y autosuficientes y algo de eso somos pero en pequeñito. Las urnas son responsables de que nos lo creamos. Creemos que contando los votos, ya tenemos la verdad.

Los votos se cuentan por millones, o sea son grandes números y sólo nos dan cuenta de un proceso muy complejo que ha llevado a unos a poder ser candidatos y a otros a poder votar con un montón de mediaciones como la propaganda, los medios, las falsas noticias, los intereses del capital y un largo etcétera.
Sin embargo cogemos una papeleta, nada por delante. nada por detrás, la libertad humana al desnudo.
Después de tanto pensamiento y exégesis, aparece   un caballero que como Apolo emerge de las aguas sin padre ni madre ni genealogía. Sólo con el tesón de su pura voluntad. Se puede añadir y un buena cantidad de contingencias favorables. Y  “arma un pollo”.
Pero ¿Quién supo verlas?
Pedro Sánchez ha conseguido un imposible y en lógica se llama imposible a lo contradictorio. “Sí. Se puede” y los que claman así,  saben que lo que se ha podido es liar todas las contradicciones. En lógica, también lo contradictorio es lo imposible y uno y otro, no pueden existir en la realidad.
Precisamente en la complejidad, todas las variables son contingentes, menos una: la que dirige los acontecimientos hacia adelante.
 La gente que, para su felicidad, no han entrado nunca en esto que se llama la dialéctica de la historia, hablarán de conspiración, fraude, plan premeditado.
No es eso sino una fe ciega en que en la medida en que las contradicciones son más extremas, la historia avanza.
Sólo hay un problema.
Esto sólo puede funcionar retrospectivamente.
Cuando el resultado ha sido positivo para los que así lo esperaban, se mira hacia atrás y se hace el análisis que siempre tiene efectos retroactivos.
Ahora miremos hacia adelante, en donde la historia crea un vacío, llamado “mañana”.
Ahí no hay nada. Todo está por hacer. Habrá que encajar las contradicciones y eso depende de aquellos que las emplearon con un solo fin. Una vez conseguido, resuelta la contradicción, Pedro Sánchez tendrá que gobernar.
¿Cómo gobernar las contradicciones, una vez resueltas en la persona del nuevo inquilino de la Moncloa?
Visto así con normalidad siguiendo aquella definición clásica de economía: “satisfaciendo necesidades ilimitadas con recursos limitados, añadiendo según criterios de justicia, pero eso es muy normal, poco complejo.
La rueda no puede pararse sin caer de la bicicleta. Lo primero es facturar una imagen  convincente para la mayoría.
Para que el ciclo se mantenga en pie y siga adelante, hay que seguir dando vueltas: incrementando las contradicciones selectivamente. El conflicto centro-periferia, no se puede tocar porque es el alma de esta dinámica.
El conflicto presupuesto-demanda social, lo mismo. Igual ocurre con el conflicto sistema-antisistema.
¿Qué queda por tocar?
El que nunca falla y que forma parte del patrimonio histórico de España: la confesionalidad del Estado. Es el más barato.

El catolicismo en Europa retrocede. En la medida que lo hace, retrocede la socialdemocracia. No creo que se tropiece en un tema tan sensible, estando abierto el camino hacia unas elecciones.
Puede haber gestos, guiños y desplantes. Los ha habido desde el primer momento.  Pasar  de largo, como obsoleto, del ápice.
Parece que son cosas menores. Tampoco es una minucia pasar de largo ante unas elecciones en un momento muy delicado.
En democracia, la representación es el todo. Hay sufragio universal, hay votaciones parlamentarias pero votar por coaliciones es una novedad, legal pero  deja perplejo a los futuros electores.
¿A cuál de las coaliciones posibles quiero votar? Porque esto no está en la papeleta.