viernes, 28 de septiembre de 2018

Una tesis doctoral



Artículo publicado el 24 de septiembre de 2018

Por lo visto y leído, muchos piensan que una tesis doctoral es un trámite, un papel, unos sellos,  el pago de una matrícula, etc.

Ha calado en esta sociedad de clase media homogeneizada que la burocracia, los títulos y diplomas son meros formalismos que ya no significan nada como los lores ingleses o las togas y los medallones.

Les parece que son los restos de la bazofia burguesa para epatar a las gentes sencillas que se agolpan para ver unos señores disfrazados como en el siglo XVI en Salamanca o Alcalá.

Esa falsa creencia interesada que lleva a igualar doctores con acomodadores de platea o mayordomos vestidos de aristócratas lleva a lo que lleva y la que está llegando.
Una tesis es algo muy costoso más o menos como unas oposiciones de alto nivel, abogados del estado, registradores, etc. con una diferencia: estos funcionarios alcanzan un estatus social y una rentabilidad que los simples doctores nunca alcanzarán. Ser doctor no se cobra. Es gratis.

No es lo mismo ser doctor que catedrático, pues un catedrático además de doctor, tomará posesión de una plaza en una universidad. El doctor tendrá suerte si le contrata alguna universidad.

¿Por qué cuesta tanto elaborar una tesis doctoral? Porque lo normal es presentarla al principio de los años 30 de su biografía. Es una edad en que se cruzan las necesidades de la vida que hay que ganársela en actividades que no tienen que ver con la tesis. Si uno consigue subsistir en esas condiciones, tiene probable el éxito.

Lo más importante de una tesis es su naturaleza misma. Y lo más duro.
Una tesis doctoral señala el futuro intelectual de la persona e influirá en ella decisivamente. Por esa razón es importante el Director de la misma. Si es un maestro y el doctorando quiere trabajar, tenemos más puntos.

En mi nada breve experiencia académica he visto de todo. Desde gente que se viene abajo, a gente, generalmente honesta, que tarda diez años en acabarla.
Los casos de frescura y poca seriedad no dependen del pícaro sino del Director que lo permite.

Con las nuevas tecnologías se facilita mucho la labor del investigador. Tiene acceso a miles o millones de artículos especializados que el Doctorando no puede, obviamente, leer ni de pasada. Ahí es donde el Director aporta su experiencia y su criterio. Le puede simplificar el trabajo con indicaciones concretas: “De este autor te interesa sólo tal capítulo de tal libro” o “esta revista no tiene categoría”

Una tesis no es una exposición sino una demostración: “qué quieres decir o qué aportas de nuevo” y muchas otras preguntas semejantes que el que comienza no sabe por dónde empezar.


Si el maestro es bueno, lo mejor es seguir las instrucciones. Con una sola palabra le puede abrir un camino, una luz y sobre todo enseñarle el tono, la calidad de lo que está haciendo: “Cita siempre a este autor por tal edición” o “por esa traducción”.

            Luego viene el trabajo personal, leer primero, discernir lo leído, ponerse  los anteojos de su tema e ir leyendo con el “prejuicio” de que sólo le interesa aquel texto bajo el punto de vista de lo que trata de demostrar.

Los grandes avances técnicos siempre tienen oportunidades positivas y negativas. Hay vergüenza y hay trampa. Es un aspecto de toda acción humana: se puede frivolizar o se puede “ir en serio”. Es la libertad de cada cual. En este orden de cosas supe de un ácrata que presentó su tesis escrita a lápiz. No sé si se le admitió. Eran los años inmediatos al final de la Dictadura.

Confieso que he sido muy feliz en la Universidad pública y contando con que la felicidad plena no existe en este mundo, he sido feliz   a pesar de los pesares.

Partiendo del coeficiente básico de vocación profesional, he podido trabajar en lo que he querido. Es lo bueno que tiene una universidad liberal como la nuestra que apenas ha variado desde mediados del XIX.
Me siento un privilegiado a pesar de no haber tenido grandes becas o premios.

Entre el liberalismo y la acracia existe el denominador común del amor a la libertad. Lo diferente está en que el liberalismo, por exigencias del mercado, exige calidad y la acracia trata de vaciar las formas académicas de su alma, de su potencial.

Es cierto que la Universidad está muy politizada. Es inevitable porque ¿Cuándo no lo estuvo? Generalmente se respeta el principio de legalidad. Esto es mucho porque la legalidad es la garantía de la libertad de cátedra, expresión de hace dos siglos.
¿Vale la pena reformar la Universidad?

            Quizá mejorar la selección del personal, corregir la endogamia pero ni esto me atrevería a tocar porque depende del actual sistema político presente. Es cierto que desde la Transición, la Universidad parece haberse socializado. Café para todos, todos licenciados, todos con máster, todos a por todo.

            Las reformas estructurales dejan intactas las redes de poder. De influencia y de alianzas con el poder económico que controla el euro, saca rentabilidad de las patentes de los investigadores que no van a salir de apuros.

            ¿Por qué se suelen hacer tesis doctorales tan brillantes, con todo el lastre que arrastran las estructuras?

Por pudor o vergüenza, por pura vergüenza.


domingo, 12 de agosto de 2018

Los limites de la libertad

Artículo publicado el 2 de agosto de 2018 en el periódico Ideal


Un detenido pensamiento sobre la libertad, nos lleva de inmediato a la vida misma. No hay libertad sin vida y a la inversa, no hay vida plena sin libertad. Este punto de vista es menester subrayarlo. Además si pensamos en términos concretos, la libertad es la necesidad que tengo de vivir mi vida “a tope”.
Las libertades empiezan y acaban en el individuo aunque con frecuencia es necesario establecer mediaciones  a través de colectivos, comunidades y parlamentos.
El individuo aislado sólo puede esperar una libertad a lo Robinson Crusoe, romántico y salvaje, feliz en su animalidad.
La libertad está pensada de antemano para ser ejercida por un individuo racional vinculado a los demás. Empezando por la familia, la autodefensa grupal, la colaboración con la cosa pública.
Esta circunstancia de la necesidad de una libertad vinculada, nos presenta la paradoja de que si quieres ser libre, o sea, vivir en plenitud, tienes que aceptar los límites que establece nuestra ubicación en el espacio y en el tiempo.
 No es lo mismo dos palomas en un pequeño palomar que cien palomas en el mismo espacio. Una paloma en grupo, en espacio reducido se convierte en un tigre. Pruébenlo.
La Historia, no sólo en España sino en Europa y América, nos ha legado dos memorias, no una, que se pueden resumir: un concepto de la libertad vinculada y otra memoria que concibe la libertad desvinculada.
Una libertad vinculada coloca a la familia, a la Patria y a Dios como garantías vitales para la vida de los individuos. Digamos que eso, hoy en día, pasa por constituir la Derecha.
La libertad desvinculada pugna por hacer del individuo, un absoluto. Si a pesar de su naturaleza libre se ve obligada a establecer vínculos, lo hace con desgana, como un mal menor. Esta mentalidad correspondería a una Izquierda, ácrata o anti-sistema.
En esta clasificación de memorias históricas faltan matices pero a la hora de decidir leyes en el Parlamento saltan a la vista, la coalición de los vinculados y la de los desvinculados. Vienen luchando en España desde la Ilustración.    
 Cuando empieza la Modernidad, una de las cosas primeras que se hace es desamortizar los bienes de los nobles y el clero que estaban fuera del mercado. La Historia no cuenta, sólo cuenta el futuro.


Esta descripción de hechos consumados no va cambiar a medio plazo porque lo llevamos en el ADN cultural. Podemos sin embargo, tratar de establecer puentes de hecho que no van a alterar los  puntos de partida pero sí favorecer la convivencia.
Se tiende a separar los temas de la vida de los de la libertad, dando prioridad a la libertad individual. Si quiero, aborto, si quiero, decido mi muerte, si quiero cambio de sexo, etc. Obsérvese que todas estas opciones acaban en resultado de muerte o de decremento de la natalidad que es una forma de muerte social asistida.
Si tenemos un gobierno con una memoria histórica sin pasado, se impondrán  en las asignaturas unos argumentos que destaquen la libertad de instinto frente a la libertad de razón. De este modo, el instinto pasa por encima de cualquier forma de respeto.
Nos preguntamos: ¿Cómo se compagina el estatalismo con el ideal individualista de anti-sistema?
Desde el comienzo del socialismo utópico algo anterior a la Revolución Francesa, el Estado se considera un paraguas que garantiza la posibilidad de que los individuos gocen de infinitos placeres. No hay vínculos entre ellos sino una “caja de resistencia” que asegure el mayor placer para todos.
Elija V. su placer y yo elegiré todo lo demás.
Entre las cosas que en principio, no producen placer, está la necesidad de ser educado. Ser educado establece unos límites al instinto, al egoísmo y a la autonomía individual.
Ser educado supone serlo por alguien que pone trabas a lo que “auténticamente” siento. Supone una serie de reglas de comportamiento social que no apetecen en absoluto. Entonces el Estado que no quiere adoctrinar, llamará a la educación “Instrucción Pública” que era la denominación de origen en el siglo XIX.
Por supuesto todo tipo de enseñanza que sugiera vínculos como la religión o la ética que indique que Dios, la familia, el respeto a la verdad, son fundamentos de la vida real, quedarán obsoletos.
¿Cómo establecer puentes? ¿Cómo conseguir que a los niños se les enseñe el respeto, la autolimitación respetuosa, el que sepan distinguir el bien del mal?.
¿Cómo resolver este arduo problema de distinguir el bien del mal y no confundirlos con el gusto y el disgusto?
La solución es automática. Lo enseñó Spinoza en un libro que, además, se llamaba “Tratado teológico-político”: Lo bueno y lo justo lo decide la mitad más uno de la Asamblea.
¿Por qué cada vez que cambia un gobierno, cambia todo “como un calcetín”?
No veo otra solución que echar mano del Derecho Constitucional comparado, de la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU de 1947 y de la jurisprudencia del Tribunal de Estrasburgo y exigir una enseñanza libre, diferenciada o no diferenciada, con religión en serio y sin religión, con una historia vinculada a la historia y otra a la utopía, con una educación sexual donde no se indique a los niños a cambiar de sexo, como parte de sus deberes con la sociedad y consigo mismo.
Dos España, dos memorias, respetemos el invento.

Cambio climático: Cambio político

Artículo publicado en el periódico Ideal de Granada, 13 de julio de 2018

Desde el punto de vista del ciudadano corriente, los dos últimos años han sido notorias las anomalías climáticas en todo el mundo. El verano de 2017, en Granada, llegó hasta Noviembre en forma de otoño primaveral.
El invierno ha sido tan largo, con sus más y sus menos, que todavía hoy,  no hemos llegado a los habituales 40º en Julio. No había caído tanta agua, viento y granizo en décadas. La temporada de esquí, en Sierra Nevada, ha sido por ello abundante en nieves y esquiadores.
La Cumbre del clima al que asistieron prácticamente representantes de todos los países del Mundo, acabó con el abandono del Presidente Trump dejando cariacontecidos a tantos países. Cabe preguntarse si esto del calentamiento global y del cambio climático va en serio o tiene alcances más limitados de lo que las informaciones sensacionalistas hacen temer.
Este asunto se ve además contaminado por la ideología, la política y los intereses económicos, especialmente los de Rusia, Estados Unidos y China los estados con más emisiones de CO2 y los más reacios a colaborar con medidas eficaces para enfriar el planeta.
La izquierda es naturalmente partidaria de la hipótesis y atribuye al factor humano la responsabilidad del calentamiento global. La derecha, escéptica o interesada, pone reparos. Así tenemos un motivo más de etiquetar a los conservadores de oscurantistas, enemigos del progreso o un largo etcétera usual desde finales del siglo XVIII en la época de la Asamblea Nacional Francesa, en donde se inventaron los conceptos de izquierda y derecha.
¿Qué pensar? Estamos ante un timo o ante un verdadero milenarismo al que los humanos somos muy
proclives en retornar: los terrores del milenio, los mil años de Joachim di Fiori, la peste negra, etc.
Y a todo esto, ¿qué piensan los científicos que son los que saben?
Hay división de opiniones.
Todo aquello que hace relación con el planeta azul, incluyendo el clima, la política y las cotizaciones en Bolsa, forman parte de un sistema complejo y caótico, términos que no vale tomar a la ligera porque son de base matemática y universalmente aceptados.
Nuestro planeta, el sistema solar, la galaxia, los agujeros negros, etc. forman un todo en donde cualquier parte está conectada con las demás. Todo tiene relación con todo. Los elementos componentes están, de tal manera conectados, que parecen “solidarios”.
La Tierra es el único ser vivo que se auto-recicla y transforma sus excedentes aprovechándolos como otros elementos asumibles.
Un sistema complejo es aquel que está formado por gran número de elementos, tantos que deben ser procesados no por matemáticas lineales sino por métodos que trabajan con grandes números. El ejemplo más cercano es el aire atmosférico con billones y billones de moléculas que ni siquiera nuestros computadores,controlan totalmente.
¿Por qué cambia el clima?
El clima es, él mismo, cambio.


Los registros geológicos nos revelan que hubo épocas con más gas carbónico que ahora, con más desertización y con menos biodiversidad que en el presente.
Todo converge en un fin común que los habitantes de este planeta podamos respirar, vivir y dedicarnos a pintar la Capilla Sixtina o a escribir novelas brillantes o insoportables.
¿Qué factores determinan el cambio climático? Demasiados.
Enumeremos algunos. La radiación solar, el estado del espectro magnético, una coraza que nos protege del sol, el desplazamiento de los polos unos cuantos kilómetros, las corrientes marinas, la masa oceánica, la fotosíntesis, el efecto fotoeléctrico y muchas cosas más que como es de prever  nunca podremos domesticar.
      “E ppur si muove” que dicen que dijo Galileo cuando le negaban lo que para él y para nosotros, era evidente.
Con este marco tan intrincado, en la práctica, conocemos causas evidentes para ciertos efectos evidentes que, a mi parecer son de importancia para la salud humana y que no responden a un mecanismo apocalíptico de fin de los tiempos sino al sentido común.
Hablamos de los combustibles minerales, petróleo y derivados.
El transporte, las calefacciones y refrigeraciones, aquellos que hacen posible que las fábricas funcionen, los plásticos, tan cómodos y tan peligrosos, etc.
 Si subimos a Sierra Nevada, es evidente la famosa “boina” sobre Granada, una ciudad menos contaminada que otras. Madrid, Barcelona, Bilbao, Roma.
Esa contaminación ambiental es  posible mejorarla con grandes inversiones. Entonces entran en juego, la economía, los puestos de trabajo, la sostenibilidad de grandes polos industriales.
Es posible que una estrategia para convencer a la opinión pública de una buena conciencia ecológica, caiga en los horrores del Apocalipsis y el milenarismo pero es obvio que algo hay que hacer para rebajar la contaminación en la línea de las energías renovables, eólica, solar, etc. pero todos saben que son más caras. Ahí ya  tiene su papel, la prudencia política y la orientación positiva de la opinión que en los países desarrollados ha tenido bastante éxito.
Nadie espere que, a corto plazo, rebajaremos la temperatura del planeta o que se detenga el deshielo 2, también crecerá.
de los polos. Un consuelo: Si la masa oceánica crece su capacidad de absorción del CO
En un sistema que se auto-regula, el equilibrio está garantizado.







lunes, 25 de junio de 2018

La función política de las ideas

Artículo publicado por el periódico Ideal de Granada, el 24 de junio de 2018

¿Qué es la política?
Una primera respuesta sería: “lo que hacen los políticos”.
Nos llevamos las manos a la cabeza porque al parecer los políticos no viven la política sino que sobreviven a ella.
Estamos en democracia aunque otra pregunta sobre la democracia depende de lo que entiendan los políticos de cada momento sobre el tema.
En democracia, los políticos son representantes directos de unas elecciones o personas designadas por ellos, para ejercer un poder delegado en determinados ámbitos.
La gente que solamente vota en determinados días, lo que le interesa es también sobrevivir, manteniendo o mejorando su calidad de vida. Sus quejas o adhesiones, las detectan los sondeos.
Nosotros, los electores, no sabemos como hacerlo porque eso es muy complicado pero sí sabemos comprobar si estamos mejorando o empeorando y en trazos gruesos sabemos por qué. De ahí las quejas o las adhesiones.
Pasa, sin embargo,  que la relación entre calidad de vida y política, nos sugiere: ¿“Que deberían buscar los políticos además de sobrevivir”?. La misma pregunta nos la podemos hacer nosotros: ¿Debemos aspirar como ciudadanos, a algo mejor,  además de tener una mediana calidad de vida?
  No vale decir solamente: “mejorarla”, porque entonces la encuesta sobre la calidad de vida se podría hacer igualmente a los pollos de un gallinero o a las medusas malignas.
Podríamos subir el listón y añadir: “Hay muchos significados de la palabra “vida”.
Lo que entienden las personas por “vivir bien” no es lo mismo para todos ni mucho menos.
Preguntemos a un artista, a un emprendedor, a un deportista de élite, a un drogadicto  o a un misionero, a un payaso o a un cura.
La respuesta que suele dar un economicista revolucionario in mente sería: Bueno todos ellos necesitan techo, un plato sobre la mesa y un taparrabos más o menos imaginativo.
Es evidente que aquí no superamos la perspectiva del gallinero o de la granja porcina.
Lo curioso es que las personas de mínimos,  defienden ideas de máximos y esto hace que los políticos, en general, si quieren sobrevivir, vacilan entre la ideología y la demagogia.
En 1900 en España, había un 70% de analfabetos pero hoy estamos a plena alfabetización del personal y casi todos entienden lo que es demagogia e ideología.
La demagogia pide lo imposible y la ideología lo justifica.
Lo que define la política nos lo indica, no lo que es  sino lo que debería ser.
 Una conciencia humana evolucionada por encima de los mínimos de subsistencia debería pensar de la política algo más alto. Los clásicos decían: el bien común y ahora dicen: el interés general.
Recuerdo un video de un líder político  que reproduce un discurso al comienzo de la crisis.
Era una maravilla, el estilo analítico y frío pero que arrastraba pasiones, emociones. La multitud vibraba y las argumentaciones confirmaban a los oyentes que el líder tenía más razón que un santo.
Como todos sabemos el cerebro de la revolución griega, el señor Txiphras le dio en un santiamén la vuelta a su tortilla cambiándolo todo sin moverse del sitio. Y ahí sigue.
Entonces el sabio de turno exclama como dama ofendida: “Eso no, eso, no”.
       El problema que tienen los políticos es que les gusta el poder, decir a los demás lo que tienen que hacer y lo que no. El poder es como un helado para un niño. Siempre quiere más pero tiene que venderlo a su abuelo con halagos o rabietas. El poder, el sexo, la droga: la naturaleza humana.
En otras épocas, el poder se lo repartían entre unos cuantos, lo decían sin tapujos y acudían al santo del pueblo como su simpecado. Se pedía al santo que protegiese al poderoso o poderosos. Ellos disfrutaban de la libertad que negaban a los demás.
Tenían una idea muy clara de la libertad puesto que disfrutaban de ella. Eran los conservadores de lo bueno.
El liberalismo acuñó una expresión feliz para definir el bien común: “el mayor bien para el mayor número” pero dejaba lo que es el bien, al gusto de cada cual. Así nació la Economía Política.
Parece pues que la política tiene que ver con el bien que es el tema de la moral.
La sociedad resulta de la sociabilidad de las personas que ya es un elemento del bien, siempre que no sea tan grande que aplaste a las personas que lo sostienen.
Los antropólogos dicen que todo se resume en conseguir un equilibrio entre el instinto de conservación y el altruismo.
En la tribu, las cosas se resuelven con facilidad “o con el tótem o fuera del tótem”. En una democracia hay dos opciones o la política desciende al nivel de un campo de concentración de cinco estrellas o los políticos se vuelcan para formar personas que tiren más arriba: a la ayuda mutua, la familia, la amistad, la natalidad, la ciencia, el arte, la religión, la filosofía.
Hay una gran oferta diversificada con y por encima de las lentejas. No recortemos ninguna.

miércoles, 13 de junio de 2018

Examinando la complejidad política

Artículo publicado por el periódico Ideal de Granada el 12 de junio de 2018

El mejor ejemplo de complejidad es la previsión del tiempo que con los datos del Meteosat y los cálculos estadísticos, nos anticipan el tiempo a corto plazo. Con tantos medios técnicos y tanto análisis es difícil equivocarse porque literalmente como se dice “las ves venir”.
Se llama “complejo” en física aquel objeto de investigación que tiene muchas variables y obliga a manejar matemáticas de grandes números. Gracias a las computadoras se facilitan cálculos, antes imposibles.
En la vida corriente y en la política, decimos que estamos ante situaciones muy complejas. Esta expresión tiene dos sentidos, uno cuando decimos de un problema que no entendemos que es muy “complejo”. Con esa expresión por un lado nos hacemos los listos porque hace falta ser muy listo, para tratar de asuntos complejos y por otro,  justificamos que no sabemos resolverlos.
La exégesis bíblica ha seguido el modelo de los idealistas alemanes, la mayor parte de ellos teólogos protestantes y del renovador de la crítica liberal de las Escrituras, Schleiermacher.
A partir de aquí nace la interpretación materialista de Carlos Marx. Como se ve entre religión, historia y política hay estrechos lazos, bastante inevitables, si pensamos que el ser humano es un centro en donde converge esas actividades y otras muchas.
La información, las computadoras y la estadística se puede aplicar para anticipar tendencias en la economía, la política, etc.
Pero un buen día sale lo imprevisto que no es lo mismo que lo imprevisible. Lo imprevisto lo es para los que no tuvieron información. Para los que la tenían, lo sorprendente era perfectamente previsible.
Muy compleja es la política porque la hacen personas de carne  y hueso que nos decimos libres y autosuficientes y algo de eso somos pero en pequeñito. Las urnas son responsables de que nos lo creamos. Creemos que contando los votos, ya tenemos la verdad.

Los votos se cuentan por millones, o sea son grandes números y sólo nos dan cuenta de un proceso muy complejo que ha llevado a unos a poder ser candidatos y a otros a poder votar con un montón de mediaciones como la propaganda, los medios, las falsas noticias, los intereses del capital y un largo etcétera.
Sin embargo cogemos una papeleta, nada por delante. nada por detrás, la libertad humana al desnudo.
Después de tanto pensamiento y exégesis, aparece   un caballero que como Apolo emerge de las aguas sin padre ni madre ni genealogía. Sólo con el tesón de su pura voluntad. Se puede añadir y un buena cantidad de contingencias favorables. Y  “arma un pollo”.
Pero ¿Quién supo verlas?
Pedro Sánchez ha conseguido un imposible y en lógica se llama imposible a lo contradictorio. “Sí. Se puede” y los que claman así,  saben que lo que se ha podido es liar todas las contradicciones. En lógica, también lo contradictorio es lo imposible y uno y otro, no pueden existir en la realidad.
Precisamente en la complejidad, todas las variables son contingentes, menos una: la que dirige los acontecimientos hacia adelante.
 La gente que, para su felicidad, no han entrado nunca en esto que se llama la dialéctica de la historia, hablarán de conspiración, fraude, plan premeditado.
No es eso sino una fe ciega en que en la medida en que las contradicciones son más extremas, la historia avanza.
Sólo hay un problema.
Esto sólo puede funcionar retrospectivamente.
Cuando el resultado ha sido positivo para los que así lo esperaban, se mira hacia atrás y se hace el análisis que siempre tiene efectos retroactivos.
Ahora miremos hacia adelante, en donde la historia crea un vacío, llamado “mañana”.
Ahí no hay nada. Todo está por hacer. Habrá que encajar las contradicciones y eso depende de aquellos que las emplearon con un solo fin. Una vez conseguido, resuelta la contradicción, Pedro Sánchez tendrá que gobernar.
¿Cómo gobernar las contradicciones, una vez resueltas en la persona del nuevo inquilino de la Moncloa?
Visto así con normalidad siguiendo aquella definición clásica de economía: “satisfaciendo necesidades ilimitadas con recursos limitados, añadiendo según criterios de justicia, pero eso es muy normal, poco complejo.
La rueda no puede pararse sin caer de la bicicleta. Lo primero es facturar una imagen  convincente para la mayoría.
Para que el ciclo se mantenga en pie y siga adelante, hay que seguir dando vueltas: incrementando las contradicciones selectivamente. El conflicto centro-periferia, no se puede tocar porque es el alma de esta dinámica.
El conflicto presupuesto-demanda social, lo mismo. Igual ocurre con el conflicto sistema-antisistema.
¿Qué queda por tocar?
El que nunca falla y que forma parte del patrimonio histórico de España: la confesionalidad del Estado. Es el más barato.

El catolicismo en Europa retrocede. En la medida que lo hace, retrocede la socialdemocracia. No creo que se tropiece en un tema tan sensible, estando abierto el camino hacia unas elecciones.
Puede haber gestos, guiños y desplantes. Los ha habido desde el primer momento.  Pasar  de largo, como obsoleto, del ápice.
Parece que son cosas menores. Tampoco es una minucia pasar de largo ante unas elecciones en un momento muy delicado.
En democracia, la representación es el todo. Hay sufragio universal, hay votaciones parlamentarias pero votar por coaliciones es una novedad, legal pero  deja perplejo a los futuros electores.
¿A cuál de las coaliciones posibles quiero votar? Porque esto no está en la papeleta.

domingo, 22 de abril de 2018

El proceso programado y el efecto mariposa

Artículo publicado por el periódico Ideal de Granada, 22 de abril de 2018


Rusia  parece moverse en torno al icono de la Santa Rusia y Turquía,   por lo menos, en sus ideales imposibles, sueña con el Imperio otomano, lo que históricamente los hizo enemigos naturales pero que, ahora mismo, los convierte en aliados junto a Irán y Siria, frente la gran coalición liderada por USA y la Arabia Saudí. ¿Qué harán las bases turcas de la NATO enfilando sus misiles hacia Crimea?
Dada la violencia de esta guerra de exterminio mediante testaferros, cabe replantear los conceptos de evolución histórica y su relación con las revoluciones y los golpes de estado.
Todo golpe de estado - no un simple amotinamiento - conlleva virtualmente una revolución y ésta distorsiona los parámetros de todo el contexto mundial en una época de globalización. Es el efecto mariposa en geopolítica.
Una bravata puede ser un calentamiento puntual o no. Si Corea del Norte traspasa siquiera sea retóricamente los límites, toda la zona: Corea del Sur, Japón y Filipinas, tiemblan. Como la opción de todo o nada es la peor de las opciones, entra en juego China, la potencia hegemónica y Kim, enmudece en pocas horas.
Estados Unidos anuncia un “simple traslado” de la sede  de su embajada en Israel. En otro contexto, una nadería. Desde ese puntual anuncio, empiezan a morir palestinos en mayor número que de costumbre. Ni Arabia Saudí y Egipto, se atreven a protestar  porque la contradicción principal cuyos últimos referentes son USA y la Santa Rusia, marcan los tiempos y las pautas de comportamiento de sus testaferros.

Ciento y un año después de la Revolución rusa, la situación mundial ha evolucionado tanto que una revolución social armada o no, de gran alcance, una alta traición con pelos y señales  tampoco es factible. Todo depende de los que diseñan el eje global de coordenadas.
¿Qué es hoy una revolución o un golpe de estado? Un continuo “amagar”, un hacer como si, meramente simbólico. Si el amago avanza y los más poderosos ceden, el símbolo se convierte en aquello que simboliza: un estado real.
Es el método que utilizó Rusia en el Este de Ucrania, lo que trabajó Eslovenia para independizarse de la antigua Yugoeslavia.
La revolución como corte o ruptura de la continuidad, deja paso al proceso revolucionario de largo recorrido y en donde los frentes se estabilizan y la victoria sonreirá al que más aguante.
Los grandes iconos: el zar, el califato, el Imperio, la Doctrina Monroe, “América para los americanos”, están ahí pero el icono se administra en dosis políticamente correctas según convenga.
El Cristianismo, materialmente hablando ya no existe. Los cristianos,, naturalmente perseguidos, son lo que existen. Una minoría descartada, como el polvillo que resta cuando se pulen los diamantes, polvo de estrellas teñidas  de sangre.
Todo muy meditado, muy atado y bien atado, donde las máscaras funcionan de manera impensable.
Si tú pareces lo que no eres, yo negocio contigo porque también soy lo que no parezco. La etapa de la acción directa se da en casos raros y extremos como en Venezuela, un golpe de Estado desde el mismo estado a la antigua usanza. Un método que en tono menor, empleó Endorgan en Turquía. También es frecuente, desgraciadamente, en países centroafricanos.
¿Quis prodest? ¿A quién beneficia? La pequeña mariposa mueve su ala   pudorosamente, como una comedida damisela inglesa del siglo XIX,  y la Unión Europea salta en cien pedazos.
Una Europa pulverizada es un panorama motivador, justo para quienes son las cabezas pensantes que tras sus testaferros, aspiran a ampliar sus áreas de influencia.
¿Aislacionismo? ¿Proteccionismo? Retirarán las tropas para buscarles mejor destino. Quizá para fortalecer las fronteras del Este de Europa que se estremecen porque la Europa de la que forman parte depende de la contribución determinante de los Estados Unidos. De modo semejante la NATO desde sus bases en Turquía, apoyaría la política rusa en el Cáucaso, apuntalando las autonomías rusas frente a los países musulmanes donde anidan.
El mundo al revés.
Cuando el rey de Marruecos sufre una ligera arritmia y se pone en manos de los especialistas franceses, Rajoy está en Argelia a tratar del gas pero sobre todo, del terrorismo que está amenazando en el Magreb, en Mali, donde estamos entrenando las tropas.

El monarca alauita se ha divorciado de su mujer, le ha dado un vuelco el corazón. El americano “aislacionista” le respalda porque si cae Marruecos, pasamos a mayores.
Francisco nos va a hablar de la llamada universal a la santidad en el mundo contemporáneo, en este mundo laberíntico y endiablado. Nadie espera cambios espectaculares porque hacer que caigan las máscaras, es cuestión de mojarse y de paciencia.
El gran tema es el del perdón. Hablas con unos y otros y todos se quieren mucho a sí mismos, se autovaloran muy alto. Pocos admiten que lo han hecho mal y muy mal.
Para perdonar hay que ser perdonado y para conseguirlo, hay que hacer tabula rasa del pasado, de lo más oscuro y empezar de nuevo sin instalarse en la autocomplacencia
Porque Francisco dirá sin duda que el mundo es bueno y que los hombres son buenos pero sólo si son perdonados si reconocen errores y maldades.
Entonces tendrá sentido reconstruir la civilización occidental. O lo que sea.

lunes, 5 de marzo de 2018

La Constitución, un ajuste


Artículo publicado en el periódico Ideal, febrero de 2018

En los organismos vivos hay una base natural gracias a la cual nacemos, un programa que viene dado por el código genético. Son los rasgos que uno tiene antes de toda educación. Es predeterminado genéticamente.
En los humanos hay, además un código cultural que no es producto individual sino que lo aprendemos desde el momento de la concepción. Son muchos los experimentos que demuestran que el estado de la madre e incluso, el entorno, influyen en la paz y en la felicidad del feto. La música, por ejemplo, el sentimiento de paz que los padres transmiten al no nacido, casi siempre de forma inconsciente.
Con las naciones ocurre otro tanto.
La base geográfica le viene dada y condiciona en sentido amplio, sus fronteras, su economía y hasta el temperamento de sus gentes. No es lo mismo vivir bajo el sol radiante del sur que en Noruega o Rusia donde a las cuatro de la tarde es de noche y viven dentro de sus casas con potente luz artificial.
Por encima de la Geografía está el código cultural colectivo, lo que la población ha trabajado con esa materia prima. Tampoco es obra individual sino que cada uno la recibe al nacer como una segunda naturaleza estrictamente humana y que es fruto de un lento proceso de elaboración.
Como se ve, los elementos naturales de un país y de sus habitantes son “recibidos”, no los construimos.
Sin naturaleza, sin cultura, no somos casi nada.
Casi nada porque el cerebro de cada uno es distinto, Ese “casi nada”,  es un megacomputador de miles de millones de neuronas que son como nanoordenadores que se ponen inconscientemente de acuerdo para mantener al ser humano vivo y saludable.
En el neocortex de cada cual, las neuronas son la base de las decisiones voluntarias, en la zona lindante con la médula, las neuronas asociativas estabilizan el sistema, etc.
Está claro que en todo este contexto que parece una burbuja protectora en cuya atmósfera los individuos pueden tener iniciativas, planes y transformar lo que recibieron, mejorarlo o remozar las fachadas.
Hay otro elemento más dinámico que son los acontecimientos históricos: las guerras, las revoluciones y las posguerras donde se gestan las paces, los consensos, donde las pasiones amainan y los cambios que resonaban como cataclismos resultan pequeñas variantes de matiz.
La Historia de la España moderna  ha sido de todo menos tranquila. Algo muy distinto a la de Inglaterra donde han sabido  respetar el encaje entre las capas naturales, culturales e históricas. Una historia convulsa debería servirnos de aprendizaje y terapia. Debería moderar las ambiciones y encajarlas en lo recibido, en la naturaleza y en la cultura de nuestra historia.
Empecemos por la Constitución.
Tras una paz forzada de cuarenta años, el consenso sobre la necesidad de no repetir la guerra civil creó un acuerdo universal que alumbró la Constitución de 1978. Todos aceptaron un Estado que podía ser el armazón formal de un país libre. Todos, hasta los nacionalistas porque se les proporcionó un futuro cuando no tenían nada.
El país ha ido funcionando con cierta normalidad hasta que llegó el cambio de la socialdemocracia por la ideología de género y el “buenismo”. Ambos talantes suponían una reinterpretación de la  Constitución de 1978. Lo que era ley debía entenderse como transacción;     un “nasciturus”, alguien con derecho de vida, se leía como un tumor o cuerpo extraño. Los grados académicos, se entendieron como mentiras de la clase dominante que impedía la igualdad de oportunidades. Todos licenciados, todos de todo pero sin formación profesional.
Y vino la crisis.
Casi una década de inestabilidad económica y social para un 30 o 40% de la población. La salida lenta, la debemos a la conjunción de la compra de la Deuda por el BCE y a la reforma laboral que como en toda Europa, ha incrementado el trabajo temporal y precario.
El referente, el eje que ha permanecido estable ha sido la Monarquía   constitucional.
La institución monárquica tiene dos virtudes por su misma naturaleza: proporcionar estabilidad y seguridad y además, la capacidad de sucederse a sí misma. Siendo constitucional, goza del elemento histórico recibido y el elemento democrático.
Una forma de gobierno es indiferente de suyo  y su razón de ser es que funcione. La nuestra ha funcionado razonablemente bien y cuando ha declinado se ha sucedido a sí misma.
La Constitución tampoco es un producto arbitrario de unos pocos sino que nace de la necesidad de  fijar unas reglas de juego que permitan asegurar la convivencia. Establecer resortes para asegurar la cobertura de las necesidades de la población.
Tampoco ha funcionado mal en estos cuarenta años. No por el tiempo pasado, porque el tiempo no cambia nada sino por ciertos defectos de fábrica, explicables por la necesidad de consenso. Precisa una mejora que subsane desajustes evidenciados recientemente.
La igualdad para todos los españoles es el denominador común que señala los posibles ajustes. Esto afecta a la Educación, a la Sanidad, a la Seguridad Social y a la Ley Electoral que es la responsable de muchas anomalías.
La Constitución no es sólo un producto artificial de la voluntad popular. No debe imponer una ideología a la mitad de los españoles, ilustrándolos  sobre la decisión temprana del sexo o género, pues la mayor parte de infelicidad infantil viene de la falta de un padre y una madre que mantengan una estabilidad hecha de amor y sacrificio. Lo que no conlleva un cierto coste, corrompe.


¿Se puede opinar sobre homosexualidad?


Artículo publicado en el periódico Ideal, febrero de 2018

La opinión es libre pero no siempre inocente. Si la opinión se convierte en juicio infundado sobre las personas, además viene gravado por la hipoteca de la responsabilidad. Ser responsable quiere decir que uno carga con la deuda y que debe devolver la mala fama que ha deteriorado la imagen pública del ofendido. Esa deuda, humanamente hablando, no se liquida con el perdón del difamado porque el daño objetivo no lo puede limpiar un perdón subjetivo, salvo que el perdón venga de Dios.
El comportamiento homosexual, la práctica, no es una idea ni una ideología sino un hecho. Estas cosas no se aprenden en los libros ni siquiera se aprende sino que se lleva puesto lo más probable en el cerebro.
Todo este asunto viene a cuento por la campaña y la presión de ciertos medios para descalificar a una jurista española, María Jesús Elósegui que goza de prestigio internacional y es defensora de la identidad cultural, la igualdad hombre y mujer y que además es católica: una feminista católica.
Los argumentos en que se apoya la petición de revocación de su nombramiento ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos se reduce  a que viene del dedo del PP, es confesionalmente católica, “del gusto del Opus”  y que es “homófoba”.
Los organismos internacionales, sean las Naciones Unidas o el Consejo de Europa o este mismo Tribunal, está formado por jueces o destacados juristas que cada uno procede de donde todos sabemos.
Un juez debe ser justo y no inicuo y en el sistema jurídico, como ha recordado Elósegui, el juez debe aplicar la ley, le guste o no le guste.
Igual ocurre dentro de nuestras fronteras donde nadie ignora quién es quién en el Tribunal Constitucional o en el Tribunal Supremo. Por tanto carece de fundamento decir que venir de manos del PP, es un grave antecedente. De pasada, recordemos a Baltasar Garzón, Villarejo y Conde Pompidú que no podía evitar  “que en su toga cayese el polvo del camino”.

No se eligen los jueces entre la jerarquía de los ángeles.
Por lo menos en el caso de Elósegui, ha trabajado en su profesión a tope y sus publicaciones sobre estos temas pasan del centenar.
Respecto a la grave mácula de ser católica y del “gusto del Opus” es decir muy poco. Es tal la variedad de opiniones entre los católicos sobre estos temas que hasta el Papa Francisco se declara “incapaz de juzgar a un homosexual de buena voluntad”. Respecto del Opus  Dei qué les voy a decir que no se haya dicho ya,  en sus noventa años de existencia.
Recuerdo que en los exámenes de Psicología, en los años 60, preguntaban tales cosas. En la Obra, nadie hace estas preguntas.
Ha habido personas que se han manifestado muy claramente, basándose en su experiencia profesional, de los riesgos psicológicos de la práctica homosexual. Quien tal hizo, fue raspado de las piedras públicas para siempre.
 La mayoría tiene opiniones de todas las marcas. He oído, incluso, que la contaminación ambiental puede ser el agente responsable de estas disfunciones.
Existe una máquina de fabricar modas destructivas de la fama de la gente que apunta sin escrúpulos a todo lo que se mueve.
Circuló en tiempos, un panfleto llamado “Protocolos de los sabios de Sión”. Diseñaba una conspiración del Judaísmo mundial para dominar el mundo. Fue muy leído y determinó en buena medida el Holocausto. Un infame  producto de la propaganda nazi.
Luego, vino el macarthysmo que comenzó una caza de brujas en plena guerra fría. Se llevó por delante, actores, periodistas, políticos, etc.
Otra oleada llevó unidireccionalmente a desvelar  la pederastia de los clérigos como un defecto intrínseco de la religión. Se olvidaron de que los más brillantes defensores de esas prácticas, eran ateos en Estados Unidos y Francia. De donde salió la ideología de género.
Ahora tenemos denuncias de abusos sexuales cometidos hace unos cuarenta años por productores cinematográficos.
El feminismo radical vigila celosamente cualquier tipo de acoso o atisbo de homofobia. Me parece bien. No estaría de más para ser consecuentes, adherirse y fomentar las campañas a favor de la natalidad para evitar ser acusados de destruir el género humano: Así se lee en el ensayo “La bomba pacífica” que defendía que la natalidad contaminaba más que el carbón.
En Asía han caído muchos millones, víctimas del “diesel”. Me refiero a la planificación demográfica fomentada por la OMS desde los años 70.
Los medios de información debieran distinguir entre hechos, valores y valoraciones.
Me puede gustar o no un candidato a lo que sea pero no es honesto descalificarlo echándole la etiqueta de “homófobo” porque, este término equivale hoy en día, en el imaginario popular a “criminal nazi” o algo similar. Si esa acusación tiene fundamento, se acude a los Tribunales, tal vez en base a un delito de odio.
Si además, la Sra. Elósegui, se ha pasado la vida defendiendo la libertad de los homosexuales por mucho que no sea de su gusto, entonces la acusación tiene la probabilidad de ser estrictamente política.

 Elósegui es una feminista creyente y además brillante. ¿Es posible que una creyente sea inteligente? Si los talentos son sólo los de mi club, va a ser difícil entendernos. Lástima que no tengamos un recambio a su nivel.