A los veinticinco años de la caída del Muro de Berlín, e
inmediato hundimiento de la Unión Soviética y su espacio vital en la Europa del
Este, el marxismo de acción directa emerge en Europa.
Es paradójico aunque comprensible que los partidos de
extrema derecha y extrema izquierda se den la mano para acabar con un sistema que
consideran corrupto y generador de pobreza y sufrimiento.
En España siguiendo la pauta de Grecia, nace Podemos con un
programa similar al griego Syriza y con unos resultados positivos en las
últimas elecciones europeas.
Una de las preguntas más inquietantes que cabe hacer al
nuevo Partido,, es su abandono de la calle para integrarse en el sistema. ¿A qué
se debe tal giro de 180º?
Hay un precedente. La labor conjunta callada y consensuada,
de los gobiernos socialista y popular, desde hace años, con el objetivo de llevar
a ETA a una tregua definitiva. La inserción en el sistema, de los partidos abertzales
les permite integrarse y ocupar alcaldías, concejalías, diputaciones y parlamentos
nacionales y autonómicos.
Es una estrategia inteligente (o cínica) de resolver
problemas por el método de incorporarlos en el Presupuesto del Estado y de las
autonomías.
De modo semejante se hizo con el PCE de Carrillo y la AP de
Fraga, en el momento crucial de la Transición.
Ahora aparece Podemos que recoge la herencia del 15M y de la
indignación general, por la política de austeridad impuesta por la UE, a
Zapatero y después a Rajoy. No nos damos cuenta que los estados nacionales van
perdiendo poder político frente a las instituciones europeas y atlánticas y
frente a las multinacionales.
También el PSOE de Largo Caballero se incorporó al Sistema,
durante la Dictadura de Primo de Rivera, inspirándose en la orientación de
Indalecio Prieto. Era un constructo artificial que salvaba las raíces
históricas, añadiendo un plus de clientelismo. Un líder carismático cuyo éxito se debió justo, a su integración en el
sistema político del liberalismo
burgués.
Integrados en el mismo Sistema, izquierdas y derechas, incorporados al Presupuesto, los batasunos y
ahora el 15 M, dan la impresión de que la vía de la adhesión o de la
indignación, son los sólidos pilares
sobre los que se sostienen las instituciones, la Monarquía, nuestra
participación en la NATO y en todas las misiones militares que hiciera falta.
En ese Sistema, que, como es propio de la humana naturaleza, la corrupción es
un caso más de economía sumergida.
La indignación parecía una reacción inmediata y juvenil, de
gente con cierta formación cultural: universitarios, intelectuales, artistas,
contra la evidente expropiación del Presupuesto por los que lo tuvieron a mano.
Pero no. Quedaron seducidos por el
Presupuesto.
¿Es esto el “marxismo
inteligente”?
La idea base del marxismo clásico es la consideración de la
humanidad como un todo, donde las personas son funcionarios del todo.
En la Revolución industrial, la explotación de los
trabajadores hizo posible un crecimiento económico que sólo beneficiaba a los
propietarios del capital. Lógicamente, la única manera de romper ese sistema
bipolar, es la revolución puesto que los aparatos del poder son monopolio de
los de arriba.
Las revoluciones sucesivas prolongaban la Revolución por
antonomasia, la Revolución francesa con su talante burgués,
laicista y anticlerical. Así ocurrió en Francia, en Rusia, en México y en
España.
Aproximemos la lente a nuestro actual momento.
Superada la posguerra, a finales de los cincuenta, el
Sistema creció tanto que pasó desde una economía autárquica de subsistencia, a
la estabilización y al desarrollo. La industria estatal se privatizó o
desmanteló y entramos en la economía liberal de mercado. De una economía productiva,
pasamos, luego, a otra de servicios y
consumo. Las rentas del capital acaban en las multinacionales y las rentas del
trabajo se emplearon en deuda y consumo que resultaron ser lo mismo. El sistema
se basaba en producir para consumir lo que se compraba de prestado. Una economía
flotante convencida de que la burbuja, como
la expansión cósmica, sólo podía ir a más.

¡Pajaritas de papel!
Remontar la crisis
debe pasar por la vuelta a la producción de bienes reales y por el control de
la economía financiera. La economía de consumo –permitió mejorar el nivel y la calidad de vida de los trabajadores que
pasaron de ser proletarios a ser profesionales de clase media. Las vacaciones a
Tailandia y Punta Cana, estaban dentro de las posibilidades de una gran mayoría.
Todos contentos. Casi medio siglo de “bienestar”. De pronto, no hay liquidez.
El marxismo revolucionario, en sus variantes coyunturales, se
explica en un contexto de caos, de hambruna, de masificación y corrupción. Suele
sumarse una guerra mundial o civil.
No estamos en esas.
La democracia directa,
la gran novedad on-line, será siempre una democracia vigilada políticamente y
dependiente económicamente. Saltarse el escalón de la representación, genera la
unanimidad propia de la dictadura.
Meter el dedo en las llagas del sistema, sólo se entiende si
es para curarlas, no para hacer un ejercicio de vampirismo que es la forma de
populismo más extendida por el ancho mundo.
Abrir llagas, da mucho de sí.