“Los gases llenan los vacíos”
En Geopolítica, el principio se aplica al poder.
Cuando en un territorio hay “vacío” de poder, no tarda en aparecer un pretendiente
a cubrirlo. En esto como en todo, hay grados y excepciones. Hay también
modalidades como la negligencia, la dejación de funciones para no complicarse
la vida. Siempre el espacio político encontrará un dueño.
Es una concepción mecánica de la política que se
repite en otras áreas: la economía, el
magisterio intelectual, las fuerzas de seguridad, etc. Si no haces lo que
debes, otros harán lo que no deben y serás desplazado.
Un sociólogo, Luhmann, se siente sorprendido, como al
analizar zonas en conflicto, le parece estar asistiendo a una cadena de
reacciones químicas.
Este punto de vista es incompleto e insuficiente
para explicar las acciones humanas pero tiene su parte de verdad.
La rotación de la tierra sobre su eje es una verdad
necesaria, lo que no significa que bloquee nuestra libertad sino que le ofrece
el terreno de juego, su plataforma de lanzamiento.
Estamos en una guerra global no declarada, en
Oriente Medio y África.
La
electrónica, hace posible que el espacio se haya reducido a un punto inextenso
porque gracias a los móviles y de más medios, todos estamos virtualmente
interactuando, “a la vez” o sea, al mismo tiempo.
Una ojeada al planeta, nos indica que hemos llegado
a un punto de desmadre, sin vías visibles
de solución.

Dentro del paraíso del orden, hay millones de seres
humanos en permanente angustia, sin tener un suelo donde apoyar el pié. Sus
familias destrozadas o ya muertas. Una situación donde se aspira sólo a
sobrevivir.
Entre tanto, hacemos jerseys de punto para nuestras
mascotas.
Ha llegado el momento de que el terremoto de los
conflictos en Oriente Medio y África, rompa
aguas en nuestras costas.
En su interior seguimos tomando el té con pastas o
nos doramos en las limpias playas del Mediterráneo justo allí, a pocos metros
donde se amontonan miles de muertos en un chorro diario. Sólo países de raíz
cristiana como Italia y España obran con misericordia.
Este mundo del 2015 es un polvorín, pero lo de
menos-con ser brutal, es lo que pasa en las zonas de guerra abierta: Siria, Irak, el Sinaí, Somalia,
Eritrea, Yemen, Nigeria, etc. El rebote
de esos conflictos amenaza a Europa y una situación semejante o peor, se ofrece
en la frontera sur de Estados Unidos.
Este panorama nos alerta y permite cambiar el enfoque de la
cuestión.
Si nos centramos en el análisis minucioso de las
zonas de guerra, nos perdemos la globalidad del problema que está más bien,
necesitada de síntesis.
Sólo hay un problema: la enorme desigualdad entre
los seres humanos, que mediante los medios de comunicación la gente evidencia
que hay países con buena vida y la mayoría de mala muerte. Se impone el
trasiego de unos a otros. Esto es todo

Hace veinte años, diríamos que estamos escribiendo
un panfleto de Amnistía Internacional. Hay que confesar que nadie, medianamente
informado, ya puede pensar así.
En otros tiempos, este problema se resolvía
mediante la institución de la esclavitud, bastante bien regulada en Grecia y
Roma. La desigualdad quedaba interiorizada, -“Arriba/ Abajo”- y el esclavo, en
general, sabía que tenía la olla asegurada por el propio interés del señor.
Ahora hay formas más descarnadas de esclavitud que
carecen del paternalismo antiguo y que sólo tratan de exprimir al hombre y a la
mujer como un limón hasta que lo recambiamos por otro válido.
A simple vista nos queda la beneficencia y la
asistencia social. La envergadura del problema es tal que esos medios que nos
quedan son como poner tiritas a un enfermo terminal.
Los problemas llevan consigo la solución.
Cuando sólo tenemos un problema y sólo uno, la
solución debe ser global y unificada. Debe darse, además, una respuesta
inmediata porque el asalto al paraíso, también lo es.
La especie humana ha crecido siempre por fenómenos migratorios,
muchas veces ligados al cambio climático. No es pues, un apocalipsis propio de
la posmodernidad. No estamos ante una situación insólita.En esas migraciones, el grado de sociabilidad y de
organización, han sido las llaves de la supervivencia.
El Cristianismo ha creado civilizaciones y culturas
porque ha sabido integrar a todos los seres humanos, en un camino común.
El vacío de
poder no se refiere aquí, a fuerza militar o económica. Es un vacío cultural,
moral, de identidad. No sabemos lo que somos. No queremos “escudriñar las
esencias”. Es más confortable, quedarse en casa y verlas venir.
El vacío de
organización social y política en medio mundo tiene sus responsables y es muy
probable que las grandes avalanchas, al fin, no encuentren murallas
suficientemente altas.
Si no hay solidaridad (ya no digo, Caridad) dice el
Papa Francisco: “os lo quitarán todo”