Artículo publicado en el periódico Ideal de Granada, 14 de septiembre de 2015
La sociedad occidental y especialmente la española, está
altamente sexualizada. No debe ser este hecho muy positivo cuando va unido a la
falta de natalidad. Mucho sexo y poca natalidad, parece indicar que el sexo se
usa en la medida en que no genera responsabilidad (meterse en líos).
Como este fenómeno ocurre en los países desarrollados y en las
sociedades “avanzadas”, las encuestas señalarán que una gran mayoría de
ciudadanos, considera normal jugar con el sexo por puro placer sin contextos
institucionales represivos.

Este escenario no es nuevo ni mucho menos. Basta leer las
historietas de Herodoto o los novelones de Plutarco y de Petronio, para
cerciorarse de que en todo tiempo, la especie humana prefiere lo fácil a lo
difícil. No hay que ir muy lejos para comprobar las consecuencias de estas
conductas generalizadas.
Cuando un grupo
humano no quiere tener hijos, se queda más solo que la una, tiende a
desaparecer y otros seres humanos que no tienen miedo al matrimonio y a los
hijos, ocupa su lugar...
Todo hace referencia al sexo, implícito o explícito. El culto
al sexo conduce al deseo insatisfecho, pues, el puro sexo sin amor y sin hijos,
infringe los más elementales principios de las ciencias biológicas, la
genética, la psicología evolutiva, la psiquiatría.
Se leen novelas que equiparan el mensaje cristiano al “juego
del amor” entendido en el sentido de sexo estricto. En los países latinos, algunos
entienden por Democracia, el intercambio de parejas porque todos tenemos
derecho a cualquier opción, cabe sospechar lo que va a quedar de la Escritura
cuando entre uno de estos elefantes, en
la tienda de las porcelanas.

Hay que respetar los contextos. No se pueden extrapolar los
criterios actuales, según los cuales da igual y es tan normal aparearse con una cigüeña o con un
caballo. Biológica y económicamente hablando, no da lo mismo.
Con preservativo o sin preservativo, con píldora o sin
píldora, el resultado es que la gente sustituye la familia por la empresa: no
hay hijos ni nietos: es el fin de la historia. Eso sí, sólo en los países más “avanzados”.
Cogen el Evangelio y ponen en él, todo el sexo que llevan
dentro. Surgen películas y enredos eróticos en los que el Colegio Apostólico se
da en versión de comuna hippy.
Seamos un poco serios.
El enemigo mayor que tuvo el
Cristianismo primitivo fue el judaísmo. Este conflicto se agravó con el
tiempo. Los rabinos pensaron algunas estrategias. La más frecuente, el
silencio. No se habla de lo que no existió nunca y no existió porque no se
habla de ello (en la sinagoga, no en el resto del ancho mundo)
El Talmud es una recopilación de discusiones entre rabinos,
en torno a la Toráh. En la versión española ocupan cuarenta volúmenes. Cuando
se habla tanto afloran desde los silencios, los dicterios. Y Jesús aparece nada
honrosamente, pero aparece.
En ningún caso sale el sexo. Los judíos en esto son muy
estrictos. Lo “lógico” hubiera sido desvelar las aberraciones sexuales de la
secta de los cristianos. Nada de eso. Se habla de impostura, de robo del cadáver,
de mentira, pero no de sexo. Sólo la ignorancia contemporánea puede encontrar sexo en la
palabra de Dios.
El eros platónico, tiene un sentido filosófico muy por
encima del sexo, tal como entendieron los Padres de la Iglesia. Un conocido
traductor de “El Banquetee”, Emilio Lledó, que va a ser galardonado con el Premio
Princesa de Asturias me indicó, en su
momento, que la temática aparentemente homosexual de algunos Diálogos, era un
truco pedagógico de Platón para mantener la atención de sus alumnos
adolescentes. En otra de sus obras “Las Leyes”, dejó bien claro lo que pensaba
sobre el asunto.
El amor se distingue del eros como un bebé de un adulto. El
primero no se busca a sí mismo y su placer, sino el bien del otro. En términos de renuncia y sacrificio como
saben hacer las madres.
Los Padres equiparaban la virginidad y la castidad con el
martirio.: el testimonio de su fe en Cristo. Los paganos admiraban a los
cristianos, al ver como se amaban unos a otros. Sólo un lector del siglo XXI
puede interpretar este amor en clave de cuento erótico.
A Jesús y a sus discípulos, se les llamó estúpidos e
imbéciles, enemigos de la raza humana, porque eran castos en vistas a conseguir
la resurrección de sus cuerpos. No son acusados de violadores o proxenetas. Los
textos, cantan.
La tolerancia y el respeto a las personas cualquiera que sea
su orientación sexual, no quita que se remedien aquellas ignorancias.