
domingo, 30 de agosto de 2020
ESPAÑA EN “LEVANTÁ”

miércoles, 26 de agosto de 2020
La gran capitulación
Artículo publicado en agosto de 2020 en le periódico Ideal
Se están cumpliendo los 80 años de la capitulación de Francia ante las tropas alemanas. El Mariscal
Petain, el héroe de Verdún, tomó sobre sí la responsabilidad y la vergüenza de aceptar las condiciones de Hitler. Se firmó en el mismo vagón de ferrocarril que había servido en 1918 para preparar la rendición alemana del Tratado de Versalles.
Inglaterra y Francia gobernadas por Chamberlain la
primera y por la segunda, Daladier, llevaban años intentando pacificar a Hitler,
operación que culminó en el Tratado de Munich en el que todos juraron paz
eterna y lealtad irreversible.
Los alemanes habían ocupado, a pesar de tales promesas, algunos
territorios en los Sudetes y aspiraban a formar un protectorado en Chekia. Se
consiguió, con gran dificultad, a pesar
de la bravura de los checos. Luego, Hitler se anexionó Austria sin problemas ya
que gozaba del apoyo de la población de lengua
alemana.
Las potencias, entretanto, dieron la callada por respuesta
esperando que estas ventajas obtenidas por los nazis, les bastaran.
Para entender el poder del Führer y el apoyo que tuvo en Alemania y Austria, hay que recordar que Hitler llegó a la Cancillería, de la mano de Von Papen, jefe de la Democracia Cristiana alemana pues, en principio, parecía que su misión se limitaba a recuperar la economía alemana, conseguir el pleno empleo, favorecer a la familia y mantener el orden más estricto.
Con estas promesas, se atrajo a los católicos. De hecho
en los futuros regímenes como la Croacia de Ante Pavelic, la Hungría de Horthy
y la misma Francia de Petain tomaron un formato similar.
La tesis del “espacio vital” era la motivación profunda
de los alemanes y pronto pudo comprobarse que el Tratado de Munich sería papel
mojado.
En 1939 invadió Polonia e hizo caso omiso a las
peticiones de Pío XII en favor de los católicos polacos. A la vez que se
aproximaba a la línea fronteriza de la URSS, en un espectacular golpe de efecto,
firmó una imprevisible paz con los soviets, la paz de Molotov-Ribbentrop.
El objetivo de este pacto de los nazis con sus mayores
enemigos ideológicos, era guardarse las espaldas para su ofensiva del Oeste que
aspiraba a deglutir a Bélgica, Holanda y Francia y lo que era más importante,
invadir Inglaterra.
La guerra
relámpago-blitzkreig- permitió en pocos días, deglutir a los Países Bajos y
Francia, culminando con la ocupación de una zona en el Oeste francés hasta
Hendaya y la creación de un gobierno bajo su protección, dirigido por Petain.
Los ingleses que habían enviado un Cuerpo expedicionario
en ayuda de Francia, ante la capitulación lograron con muchas dificultades reembarcar en Dunkerke a sus tropas y algunas de los
“franceses libres” que lideraba el General De Gaulle. Se incluían unos miles de
republicanos españoles.
La situación de Europa después de la capitulación era
lastimosa y todo parecía estar pendiente de las decisiones de dos potencias
totalitarias.
Probablemente, Alemania e Italia, que pronto se agregó al
vencedor, aspiraban a dominar el mundo, dentro del marco del capitalismo de
Estado.
Hitler engañó a todos, incluso como escribe Churchill en
sus memorias, a la Unión Soviética pues cuando le interesó invadió Rusia.
De todo este teatro bélico lo que resulta más interesante
es que sólo la voluntad de Winston Churchill y la unidad del pueblo británico,
creyeron que era necesario seguir luchando en un momento en que la soledad de
la Gran Bretaña era bien visible.
Hitler perdió la batalla de Inglaterra y entonces puso su
atención en la invasión de Rusia con la idea añadida de abrirse al petróleo del
Caúcaso.
No pudo entrar en Inglaterra ni en España que mediante un
Tratado con Portugal, aseguraba indirectamente, su acuerdo con los aliados.
sábado, 8 de agosto de 2020
Transhumano, menos humano
Artículo publicado en el periódico Ideal, agosto 2020

¿Por qué la gente se siente feliz con
los medios técnicos y con el
mantenimiento permanente de una
intensa comunicación?
Tiene
que ver con la sensación de poder.
Los avances
técnicos crecientes comportan como consecuencia inmediata, la reducción de las
limitaciones de espacio y de tiempo.
Con un simple
clic sin necesidad de moverme del sillón se puede abrir /cerrar la puerta del
garaje o hacer estallar un explosivo.
Cuando se ambicionan cargos u honores es
porque conllevan un poder que extiende
nuestra vida más allá de lo ordinario, hacia campos en donde se pueden
hacer más cosas que las que puede el
hombre de la calle: hacer leyes, desarrollar planes urbanísticos, regular la
vida de los demás, etc. El reconocimiento público y los honores nos certifican
que somos valiosos y más valiosos que los demás, que son los que nos han
reconocido.
Todas esas
ventajas que no tiene la mayoría de la gente, incrementan nuestro ego, la confianza
en nosotros mismos y podemos mirar a los demás
“desde lo alto” (con altanería)
La sensación
de poder es una forma de elevar la conciencia del vivir. Vivimos más
intensamente si podemos viajar a Tailandia o a los cotos de caza de Zimbawe. En
los momentos del éxtasis nuestras facultades funcionan a todo vapor. ¿Cómo no
sentirse felices?
La necesidad
psicológica de comunicación puede llenarse con ventaja porque esa comunicación
que es más bien, un “contactar”, carece
de los compromisos de la verdadera amistad. Si alguien nos resulta pesado, se
borra de la agenda y se cambia por otro.
Es
cierto que no siempre se trata de simples “sensaciones” como ocurre con el
alcohol y la droga sino que realmente la tecnología nos proporciona más poder
y por tanto más vida, más horizontes.
Todo ello con
la conciencia de autonomía, de autorrealización: que poco dinero podemos tener el mundo a la mano.
Claro que
para aquellos que ocupan espacios de poder, los medios no sólo dan la sensación
de tener el mundo a la mano sino que lo tienen de hecho.
En el
mundo virtual todo es más fácil. Se eliminan las contradicciones, el esfuerzo,
el sudor de la frente, etc.
Si todo este
mundo de facilidad es un mundo de felicidad ¿quién puede objetar? ¿Qué puede
decir la moral y la ética de esta gigantesca construcción que parece producir
la felicidad de todos?
El primer
intento de sacar partido teórico de la nueva situación del mundo virtual, ha
dado de sí ideologías como el transhumanismo.
El transhumanismo es la conciencia de la transformación de la humanidad por la inteligencia artificial.
Casi todos presentan ese cambio radical de la humanidad como un destino inevitable.
La tecnología
y la medicina son capaces de mejorar nuestro potencial cognitivo, dominar
nuestros estados de ánimo, tal vez revertir
el envejecimiento y un largo etc. de posibilidades en el paraíso digital.
Se
desprende de estos planteamientos que no estamos contentos con nosotros mismos
y que la evolución de la especie la delegamos en la tecnología.
No queremos
afrontar las exigencias de nuestra libertad personal porque no creemos en ella
y hemos acabado en esta situación a fuerza de no ejercer nuestra libertad.
No tenemos
conciencia de que podemos ser felices por nosotros mismos, entrenándonos en la
virtud de hacer felices a los demás. Con clic o sin clic