Artículo publicado en el periódico Ideal , julio de 2026
Uno de los signos de identidad de los partidos socialistas es endeudarse en primer lugar, para sostener el estado de bienestar: sanidad, educación, seguridad social.
Hay dos maneras de cubrir el ingente gasto que supone una economía sostenible: la que ordinariamente practica la izquierda que consiste en endeudarse sin límite o bien, la que emplea la derecha fomentando las inversiones privadas o públicas, nacionales o extranjeras e incrementando la productividad.
Este esquema no es rígido.
La Deuda Pública y privada se practica, sea el gobierno conservador o progresista. Hay una diferencia de grado.
Cuando el gobierno se endeuda hasta las cejas y carga, además, de impuestos a los contribuyentes, la sensación que entusiasman a los políticos es que manejan grandes cantidades de dinero y que todo va bien. La liquidez permite tocar los medios de pago que resuelven todos los problemas.
Se sostienen las nóminas de funcionarios y pensionistas y los políticos, aun dentro de la legalidad, manejan una “pasta floja” en subvenciones, dietas y gastos varios.
A ello se suma la conciencia tranquila de que están favoreciendo a las clases más desfavorecidas y vulnerables, mantienen la paz social y conducen a índices de bienestar y progreso crecientes. No se olvide que siempre hay presupuesto añadido para la información, los medios de comunicación, las redes, los asesores, etc.
Si Trump nos insiste en elevar al 5% nuestro presupuesto de Defensa, crujen las entretelas del sistema e intentamos resistirnos.
Como el potencial económico de España es notable, entre deuda e impuestos, siempre habrá quien financie el statu quo económico.
La Deuda Pública en nuestro país alcanzó el billón de euros.
Los conservadores, la patronal, los autónomos y los jóvenes ven cada día que,sumando los impuestos y el precio de la vivienda, tratan de pagar los colegios, el vestido,las vacaciones con créditos personales.
La política que requieren los conservadores, exige la bajada de impuestos y la disminución del gasto público, manteniendo a la vez, el estado del bienestar.
Con menos impuestos y menos deuda, los autónomos empiezan a respirar y los jóvenes pueden aspirar a independizarse.
Se marca una línea azul: jóvenes, autónomos,pequeños empresarios y campesinos se convierten en conservadores sin que las ideologías de mayo del 68, les atraigan lo más mínimo.
Así resulta que hoy en Europa, ser revolucionario exija ser reaccionario. Todo, una guasa.
Los ocho años del “sanchismo” se definen como ausencia de gobierno, juegos de manos, complicidad, nivel cutre de educación y falta de profesionalidad, descenso de inversiones.
¿Dónde va pues el dinero de los fondos europeos?
Un dato significativo es el anuncio de una inversión de mil millones para el arreglo de las carreteras. Es una cifra ridícula, sabiendo cómo están las comunicaciones.
Esa mezquindad se explica porque el gobiernono tiene dinero real.
A la vez, tiene una necesidad primaria de mantener la función pública, las pensiones y la sanidad. No tiene dinero para nada más, salvo para los intereses de la Deuda.
El dilema es claro: Dedicamos los ingresos en gasto improductivo o en gasto productivo.
Es obvio que, en los ocho años trascurridos, la mayor parte del gasto público ha sido improductivo.
Las empresas sufren la falta de potencial eléctrico, las inversiones decrecen y la sanidad y la enseñanza pública presentan grietas por los cuatro costados.
El argumento supremo y único, de que Sánchez, es mejor que la extrema derecha, es más eficaz en España que en Italia, porque se identifica la nostalgia de unos cuantos con el golpismo. Para ser demócratas, los mamporreros deben ser de los nuestros.
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