sábado, 31 de octubre de 2020

Las guerras ideológicas

 Artículo publicado en el periódico Ideal, octubre 2020


En cualquier época en que nos situemos, en toda guerra hay un elemento de conciencia, de legitimación. Es esencial que el cristiano sepa distinguir lo importante, lo necesario, de lo menos importante y secundario, ordenando lo segundo en relación con lo primero.

El Cristianismo es de raíz  un proyecto de expansión de la fe y de la esperanza mediante el método principal de la caridad. Los aspectos humanos, el talento, la cultura, los grandes análisis e interpretaciones, el consejo de los científicos, todo eso es importante pero debe emplearse en función de lo principal.

Lo principal  consiste en que el destino del hombre en la tierra no está en quedarse en ella sino en entrar en la posesión de un reino perfecto que no es de este mundo.

Ese destino no es simplemente individual sino que es el destino solidario de toda la humanidad, la vida cristiana es apostólica por la caridad de Dios, que quiere que todos los hombres sean felices, que se salven.

Por la fe sabemos que la vida cristiana sólo es posible en el ejercicio de la libertad. Nadie se salva si no quiere, nadie salva a nadie a empujones, nadie adquiere las virtudes sin un trabajo libre, ayudado por la gracia.

Siempre se ha pensado en la necesidad de estrategias inteligentes para conseguir estos objetivos. Así en la Edad Media y parte de la Moderna, la guerra y la cruzada fueron en general preferidas a la negociación y a la paciencia. La consecuencia ha sido un tira y afloja entre unos y otros con el denominador común de que ambos bandos, cristianos y anticristianos creían firmemente en que la guerra y la confrontación, la persecución y la discriminación son las estrategias “razonables” para eliminar los conflictos mediante la eliminación del contrario.

En la actualidad, siglo XXI hay tres guerras ideológicas en las que la idea de liquidar al contrario por exterminio o por conversión se mantienen irreductibles:

 

1)   La guerra del poder temporal del laicismo contra el Cristianismo

2)   La guerra de la ciencia  que quiere ser absoluta contra la fe

3)   La guerra latente o manifiesta del Islam contra la fe cristiana.

 


Estas tres guerras  guardan entre sí un orden de importancia. La más importante es la propuesta transhumanista en sus diversas formas que incluyen el ecologismo profundo, la cyberideología, la inteligencia artificial, el posthumanismo y la posverdad que forman el nudo de la cuestión: la decisión del hombre sobre su naturaleza, tal como se expresa en la ideología de género.

En segundo lugar y legitimado por esa misma ideología, el poder temporal que prescinde totalmente del espíritu y que tiene como fin último conseguir la sociedad del bienestar sin Dios.

De una manera más descarada e históricamente permanente, el Islam radical y expansivo hace la guerra allí donde puede y le conviene, enfrentando la fe contra la fe. Se corresponde con la estructura medieval de su área cultural de origen.

Los cristianos, aunque estadísticamente, un tercio de la población mundial, en su mayoría-como ha ocurrido en todo tiempo-están sumidos en la modorra y la inercia absolutamente cegados hoy, por el espejismo de la sociedad del bienestar.

Para un cristiano, la sociedad del bienestar en sus justos límites,  forma parte del progreso en general, del bien temporal por el que se debe luchar para alcanzar una sociedad más feliz según la voluntad de Dios, expresada en:

El Decálogo en primer lugar donde aparece como elementos centrales, el culto a Dios, el amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Y sigue: la familia, el respeto al cuerpo, la propiedad, la verdad.

El Evangelio  que propone virtudes cristianas que imitan a Jesucristo: el saberse pobre ante Dios, la mansedumbre, el hambre de santidad, la misericordia, la rectitud de intención y ausencia de doblez, el trabajar por la paz y la aceptación de la persecución por causa de la justicia, es decir de la santidad.

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